
En esta nueva edición te traemos el cuento “Aguafuerte” de Rodrigo Hidalgo, el dueño de fundo del tercer piso de Balmaceda 1215 y de una versátil pluma.

Aguafuerte Hemingwayana
Por: Rodrigo Hidalgo.
Leo la correspondencia de cierta señorita militante por más señas del hasta ahora – para mí desconocido y desopilante Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal – PACMA. Reproduzco su misiva para responderle luego.
Estimado Sr.
Iré al grano de inmediato porque no soy de rodeos. Me dirijo a usted profundamente decepcionada después de haber leído su última crónica, titulada “Vida y muerte en la obra de Gonzalo León”, en donde reconoce méritos a dicho escritor dejando entrever que comparte su gusto y admiración por la figura del norteamericano Ernest Hemingway. He sido una fiel seguidora suya hasta que he caído en cuenta de que es usted, al igual que esos señores, un promotor de las crueldades contra los animales. No he leído nada de León, pero es sabido que el autor de El viejo y el mar amaba la cacería y encarnaba al prototipo de hombre rudo del siglo XX, casi un golpeador de mujeres, modelo que afortunadamente con el progreso de la humanidad va desapareciendo. Y voy a permitirme la referencia específica y puntual al famoso libro Fiesta, que usted cita en su mentada crónica, y que ha sido nefasto para la cultura y civilización española y planetaria. Supongo que usted sabe bien que a través de ese best-seller, Hemingway convirtió lo que era un ritual ancestral y decadente en un destino turístico de volumen mundial. La festividad de San Fermín en Pamplona era una tontería de unos cuántos campesinos carnívoros, destinada a desaparecer por causa de las mismas víctimas que origina. Pero hacia 1930, después del éxito del librito en cuestión, esto se llenó de violentos gringos alcoholizados, verdaderas lacras que lo invaden y manosean todo con desfachatez de pedro por su casa. La verdad señor, es que odio y desprecio profundamente a ese tal Heminmgway.
¿Sabe usted cuánta plata se invierte en esas fiestas taurinas? ¿Puede entender cómo es posible que habiendo una mayoría mundial de gente que está en contra del maltrato animal, un gobierno respalde estas instancias supuestamente deportivas? Le diré algo. Soy militante del PACMA, Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal, un movimiento que afortunadamente va creciendo cada vez más dentro y fuera de España. Como tal, es mi deber luchar por la LIBERACIÓN ANIMAL, y en tanto los tiempos traigan esa utopía, creemos que es un deber GRAVE e INAPLAZABLE luchar contra el maltrato a los animales, pues el fenómeno del dolor es para ellos tan desagradable como para nosotros. Desde esta premisa, valores como la compasión y el respeto deben de ser aplicados -por estética y por justicia- a todos los seres capaces de sufrir y no sólo al animal humano.
Creo que es usted alguien sensato, con quien se puede disentir en materias literarias, así que por lo tanto le pido que recapacite y se manifieste al respecto, que reconsidere su valoración hacia esos escritores que promueven barbarismos inhumanos, y que deje de incentivar la lectura de los mismos, porque es necesario que sus lectores más jóvenes no malinterpreten la realidad.
Desde ya le agradezco,
Elizabeth Z. Eastmann

Estimada Elizabeth Z. Eastmann
Lea por favor este encabezado interpretándolo adecuadamente: el formalismo “estimada” no refleja en absoluto lo que de momento me inspira su persona. De hecho le adelanto que me permitiré no sólo burlarme de su reclamo, sino que además imaginaré sus gustos culinarios y preferencias sexuales. Le advierto que su misiva me ha despertado un enorme e irónico apetito literario. A partir de ahora es usted un personaje. Y está en mis manos.
En su carta detecto, además de un absurdo reclamo literario mal argumentado, una exultante diatriba seudo ideológica; todo ante un asunto que claramente para usted es de lo más importante en este planeta lleno de injusticias aberrantes. Del reclamo literario no me haré cargo porque ni siquiera vale la pena. Que usted pretenda censurar Fiesta porque relata el encierro de San Fermín, es derechamente ridículo. No voy a decir siquiera que es un gesto conservador, medieval o fascista. No. Es sencillamente una estupidez.
Comenzaré por contarle que me declaro amante de los animales, y que creo en aquello de que mientras más conozco a los hombres más quiero a mi perro. Sin embargo su posición me da una mezcla de rabia y risa. No puedo evitar verla. Conozco a las de su tipo. Y que conste que ni siquiera la abordaré desde su condición de semita. Usted es una trabajadora enfermiza pero también una profesional exitosa, que recurre a terapias alternativas y medicamentos homeopáticos para sobrellevar sus neurosis, consumidora de comida orgánica o hidropónica, capaz que sea vegana incluso. Usted evita los excesos de cualquier índole. Y cada vez que disfruta algo lo hace con plena conciencia de que se “lo merece”. Apuesto a que el sexo lo practica solo si tiene un partner que maneja el Tantra. Usted está con los tiempos. A falta de las utopías del siglo pasado, me viene con la liberación animal, una patraña de las más insostenibles que haya podido generarse en este desafortunado mundo posmoderno con seudo religiones a gusto del consumidor. Le importan más las ballenas y los pingüinos que el ser humano. Para usted el mundo desechó a Haití, Irak o Afganistán. Usted es una maldita perra burguesa que no entiende nada de la rudeza del mundo actual, y compra a pie juntillas eso de que los hombres ahora son más afeminados y ya no le pegan a las mujeres, o que al menos tienen más conciencia y culpa al respecto. Usted cree que el hambre secular y la desnutrición histórica de algunos pueblos africanos y asiáticos pueden resolverse a base de arroz y lechuguitas. Peor aún: está dispuesta a creer que eso es tan posible como deseable, bajo una premisa tan burda como falaz: que el resto de los animales sufre de igual modo que sufre el homo sapiens. Permítame decirle que no. El homo sapiens actual, como usted, ya no sufre sino a nivel conceptual. Usted no sufre ni mierda. Ha tenido la educación suficiente como para enterarse de que hay comidas que aportan el mismo valor nutritivo que las carnes rojas. Háblele de eso a los que soportan bombas, hambrunas, epidemias. Ellos son cada vez más el antepasado del homo sapiens, y su dolor no tiene nada que ver con lo que usted cree es el dolor. El dolor de esos hombres y mujeres, los miserables, se parece en cambio al de los animales que usted tanto defiende. Es sordo. Esto para no detenerme en sus lamentables consideraciones sobre la compasión y el respeto como valores que han de ser “aplicados por estética y justicia”. Hace demasiado ya que decidí que cuando vuelva a levantar una bandera, me preocuparé de que valga la pena. Liberación animal. Váyale con ese cuento a su abuela. Y para mayor desazón suya, y porque me gusta pensar que esto a usted la encenderá de cólera, reitero la cita del gran Hemingway: “Lucharé hasta el último día y entonces lucharé contra mí mismo con objeto de aceptar la muerte como algo hermoso, con la misma belleza trágica que vemos domingo a domingo en una corrida de toros.”
Y me permito un consejo para ud.: salga a la vida. Es toda una fiesta.
Rodrigo Hidalgo (Chile). Periodista sin cariño por el gremio y Profesor de Lenguaje y Comunicación por búsqueda de vacaciones pagadas. Se desempeñó como crítico literario y teatral en el diario electrónico El Mostrador, y luego como colaborador en La Nación, The Clinic y El Periodista. Publicó entrevistas, cuentos y crónicas en la revista literaria La Calabaza del Diablo, donde formó parte del comité editor. Ha colaborado también con las revistas Bilis, Lanzallamas, y Patrimonio Cultural. Se ha dedicado a ganar dinero convirtiéndose en un exponente más de la lacra de los gestores culturales, ocupando actualmente el cargo de Coordinador del Área Literatura en la Corporación Cultural Balmaceda 1215. Dos textos suyos han llegado a formato libro: “No veo”, en el libro de Fotografías “Diaz de Espera”, de Alexis Díaz (Calabaza del Diablo, 2001); y “El Hans Pozo de la Marta Brunet”, en el libro de varios autores “POZO” (Lanzallamas, 2006).
Buen cuento.
saludos
Que entretenido relato epistolar don Rodrigo…vayan mis felicitaciones y mi admiración
¿Es en verdad un cuento? A mí me parece una odiosa justificación fascista.
las Aguafuertes, que escribía el inventor Roberto Arlt, cabrían dentro de lo que como género se llama Crónica, por lo tanto en estricto rigor no, no es un cuento. pero en realidad la idea era jugar, reirse un poco. declinaré defender este modesto texto de una acusación tan común y corriente a estas alturas. a quién alguna vez por decir cualquier huevada no le han dicho fascista. mejor ni imaginarse cómo ha de ser insultado el que dice lo que realmente piensa.
Qué odioso es Rodrigo Hidalgo Moscoso!!! Un pseudo intelectual, que como siempre, le queda muyyy grande el poncho. No sé que tanta pluma “ácida” tienes, mejor dicho, no provocas nada, sólo tratas de ser con ironía “uno más de aqulleos”, de los cuales, ya rondan muchos, que por lo de más ya apestan.
Opaco e insulso
Don rodrigo salio mas bruto de lo que pensaba.