Cuentos: Cacofonías.

La editora de Indie.cl, aparte de atosigar a sus columnistas y sacarse los pelos cada vez que no se cumplen fechas, escribe. A continuación, te presentamos el inentendible estilo de Andrea Ocampo. Haz click y descúbrelo de inmediato.

Cacofonías

No me importa el juramento que te di.
Belinda. Bella Traición

Por: Andrea Ocampo. / Fotos: Molokid.

Esta insistencia me despedaza. Descalzada de tu figura nombro otra vez. Mas –ayer- todas las cosas serían entrañables. Los cuerpos han perdido la gloria. Me has robado la excavadora de los ojos y esas redondas mañas. ¿Cual es la diferencia entre mi recuerdo y tus fotos? No se puede asomar el asombro ¡El silencio más absoluto! La memoria inconfundible con tu rostro. Esta pérdida inútil, tu violencia. O nuestro cuerpo tan mal adecuado. Estimada: Inclinada destituyo esta sospecha. ¿Es posible reescribir las grietas de estos dedos? Quizás un ¿Cómo estas sin mi?

Me tienen prohibido recordar. La acción debe ser presente. Nada de gerundios, participios, cacocofonías, paraguas negros. Eres la forma uno, la letra a de mi nombre: un final apresurado en las vaciedades de la herencia. El puente de huérfanos donde sale la Miriam Hernández. O no me van a decir que se saben la letra del hombre que yo amo. ¡Suéltenme! Dedos recorren los sonidos y me escucho: pegada a mis vocales. Repetirlo dos, tres, nueve veces. No es tu nombre sino el emblema. Ese lugar que sitié al séptimo mes de tus blancas astucias en mi cintura. Pero confía, guardo esas soledades que entretejían nuestros juguetes de plástico. Ojalá pudiera tener la piel fucsia y brillante como ese rompecabezas inflable que me borraste. Cierro los ojos. Atravieso la superficie lisa y espectacular de estas piezas, la insistencia de los huecos y el aire. Sueño constantemente con eso, con el estar pegada y con que tú no digas, eso es más. Ordena: el pan caliente que pedí a hurtadillas de las prohibiciones médicas, las bolsas de metal en el suelo, las gelatinas duras en mi boca –siempre morada, o las paredes rayadas. Aquellos saltos mortales de las prótesis bucales que conjugan las rodillas rasmilladas y los besos de amor. Mal (dados), los de amor.

Contigo –en absoluto- aprendí a gatear, pues los gestos serían radicales: caminar a dos pies y zapatos cruzados. La verdad debe caminar con un sólo pie, me enseñaste. Y yo ando a dos, siempre a dos. Golpeo una y otra vez la puerta cerrada. Respondo con luces navideñas y las ansias desmesuradas por ese saber pagano. Grita, grita y así yo arremeto contra los vecinos de nuestras imágenes, los testigos directos, las herramientas de constatación más cercanas a las rejas de nuestro pegoteo. El calor se acumula en los párpados ¿Te puedo hacer una confesión? El corazón de algodón –sin alcohol- y la llave del libro por-venir. Tienes que ver más allá: los autos brillan, sólo ve los brillos, las luces y la luna la sigue. Enmascarada tras los barrotes lloras y pides mi auxilio (o quizás no). Siempre has sido tan inoportuna ¡Cochino, caca, lávate, sale! La piel macabra de nuestros niños que te acorralan aquí en medio. Juego con tu pelo y consuelo las muñecas que me has desnucado. Soy la niña. Eres tan dramática mi caribeña made in mademsa: déjame tranquila.

Mordida por la mitad recojo los cartones multicolores y los guardo en la caja cuadrillé ¿Veamos fotos? ¡Ya Basta! Suficientes rostros, los mismos que hemos compartido años; y tú, que eres mi eterno celoso o mis cajas arrumbadas de fotos. La canasta de mimbre se ha ramificado en tu cuerpo lánguido, enfermo, suficientemente cruzado de venas verdes. Te escondo de mi mamá para que nadie te pueda oler. Retengo en la punta de mi nariz los telones. Huelo tu nombre en todas las migas de pan, los chicles gastados y los boletos de micro que colecciono en esta jardinera. Entiendo mis uñas blancas en atracos y ventiscas. ¡Silencio: cubro! Nuestro secreto eres tú / y tú. Pero mañana tenemos hasta tarde. Me agrada. ¡Déjenme hablar!. Me desagrada ¿Cuando te darás cuenta que soy un fraude? Negra tu piel: las circunstancias no permiten que estemos juntos (al jugo de piña), pero de verdad me gustas (las guagüitas). Más preguntaste: ¿Qué deseo sobrevive a la pérdida o qué pérdida sobrevive al deseo? De una orilla a otra ¿Y si todo punto de retorno fuese ya imposible? Ah no ¡Que se llame Nicolás! ¡Que la Macarena se llame Nicolás! Mejor, llámame políticas, el número de la revista que nunca sacaste / la bestia duerme.

Llora en la cama hasta que la vengan a vigilar. La ven con un ojo cada vez, y ella pierde uno, siempre el otro. Ahora puedo mirarte horas y agrandar tus pupilas con un sólo bostezo. Mi pelo corto enfría ese cuello, pero no camino más. Me llevas en los brazos de hoy por ayer. Y nuestro trofeo de tres ruedas es el país del temblor. Eres tan similar a esos pelos rojos de mi sombra. Tan incurable como ese cinturón, como ese beso o como las galletas que vomito –con tu honor. Haz de saber que bajo las piernas acumulo las cosas robadas al coqueteo, al culo que se mueve con los ratones, a las antenas dobladas y a esa frente ajada de la cual nací. ¡Tú ya no me amas! Dame un beso de amor en la boca y escondámonos bajo la cama que aún habitamos. Es una amenaza. Las bolitas de vidrio rodean tu almohada, al fin no has de dormir. Me tragué las imágenes sobadas que rompen la espalda (no me traiciones) del amigo que es mío, del profesor que es mío, del vecino que es mío, del perro que es mío, de tu oreja sangrienta que es mía y del padre que nunca.

¡Lo vas a matar! por la garganta mi codo divaga, todo humedece. Hay que meter las manos y esconder la boca. No tengo nada. Un diente golpeado en un sillón de lanas rojas. Mis labios rojos copian la tela y dejan esta cicatriz que aun persiste en nuestro labio. El sello de calidad de las palabras. Me rasco las costras nuevas, peores son las subterráneas. Entre mis lunares blancos se abren rastros de piedras, plantas cortadas, cigarros quebrados: disfraces. Me saco los puntos y les entierro alfileres a esas otras arenas. Que no me toquen, que no te miren. Pido, hablo, rezongo y grito murallas, traspaso adoquines, los ojos del lado nos odian. Soy transparente cuando le temo a las sorpresas. Nada prometido llega porque todos los cassetes son fotocopiados. No alcanzo a respirar con ritmo. Me aburro rápido: sabes que aún te retengo, aun miro tus contornos. Pero no alcanzo a precisar. Agarro las manos de los bolsillos y me escondo. Mis juegos objetivos han socavado esta voz, y ella –la que no- doblada en infinitas partes, traiciona su cuarta esperanza de reencontrarse con el animal que canta sin mover la lengua.

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4 Comentarios

  1. Mayi dice:

    uuuuy

    esto me parece demasiado familiar

    besos guapa!

    nos vemos en la u, aunque no en la prueba!!

    chau, la chiquilla que te hace favores en el ramo de oriente :-p jajaj a acmbio deberás comprarme galletas eternamente jajaja

  2. Val dice:

    Me encantoo!
    sisisi wena
    y la cancion igual
    Porkesintinohaycaminonidestinoestoyperdidaaaa! yeahhh
    RokanROL!!!!
    ajjajaja
    salu2

  3. kenita dice:

    Quien no se ha sentido asi, alguna vez?????
    Excelente texto.

    Como dice Teillier:
    “NO SE SI RECORDARTE
    ES UN ACTO DE ELEGANCIA
    O DESESPERACIÓN”.

    dejo mi fotolog para los amantes del arte, de las frases profundas…en fin , es un fotolog tan extraño e inentendible como cacofonías.

    http://www.fotolog.com/eterna_inquietud

  4. genial el texto!!!!

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