
Historias y conversaciones cruzadas entorno a un condón. Un niño, el hermano y su mina, por las manos de Rodrigo Hidalgo.

Bolsitas de plástico
Por: Rodrigo Hidalgo.
El condón
Un niño de 10 años lleva un condón al colegio. En el recreo sus amigos se acercan a él. ¿Cómo lo conseguiste? El niño guarda silencio, canchero. Apenas lo muestra. Lo quieren abrir, tocarlo, saber cómo se siente ponérselo. El lo guarda celoso. A la clase siguiente los compañeros insisten. Ya poh, ábrelo. Arman un revuelo hasta que la profesora pierde la paciencia. ¡¿Qué esta pasando ahí atrás?! ¡El Jonathan tiene un condón! Jonathan lanza una patada mal disimulada. Otro corrige al alcahuete: se dice preservativo, leso. Las niñas ríen. La profesora también. Jonathan confiesa que se lo robó a su hermano mayor, se lo sacó de la billetera.
El hermano mayor
Se me pasó la hora con los cabros y me dieron las 2 de la mañana. Llamé a la Kathy, le pedí disculpas y le dije que me iba al tiro pa’ su depto. Por suerte, como habíamos quedado de darle, me estaba esperando igual. Ven p’acá, me dijo. Estaba punto de penetrarla cuando en un gesto automático, me detuvo. El condón. Sí, sí, de veras. Horror. ¡¡Pero si lo tenía en mi billetera!! ¿A tí no te quedan? No. Revisión de bolsillos, de mochilas, de cajoneras. Me pongo los pantalones dispuesto a no dejar pasar el momento. Ya se sabe que no hay cosa más temible que una mujer frustrada. Y en este caso mejor no insistir, que acabo afuera, que por la retaguardia. Nada. Esta perrita todavía no afloja. Bajo en el ascensor repasando mentalmente las ubicaciones de las farmacias cercanas. Corro de una esquina a otra. Todas cerradas. País de mierda. Voy regresando, derrotado, pensando en que ya a estas alturas ella duerme y mañana será otro día, donde fijo me llevaré una feroz recriminación. Un motel se cruza en mi camino. Toco el timbre sin dudarlo. Juego la última carta. Me excuso y le pregunto a la mujer del delantal si por casualidad venden preservativos. Sí, pero sólo a los clientes. No sé qué cara pongo, el hecho es que se conmueve y con una sonrisa me dice: si estái muy urgido, toma, te regalo uno. Feliz, le agradezco emprendiendo la retirada. En mi interior se borra la interrogación acerca de cómo desapareció el condón que estaba en mi billetera. La mujer del motel me grita: ¡Hácelo por Chile!
El aparato reproductor
La profesora pone orden y pregunta: ¿No han visto nunca un condón? Sí. No. ¿Saben para qué sirve? Sí. No. A ver… Una niña dice: es para tener relaciones sexuales sin tener hijos. Bien. Y es para no pegarse el sida, dice otro. Bien. ¿Algo más? Silencio. La profesora piensa un rato y ataca. ¿Y usted Jonathan tiene relaciones sexuales que anda con esa cosa? Risas. Jonathan calla, humillado. La profesora duda un rato y repasa mentalmente los contenidos que cree haber escuchado mencionar en las reuniones de coordinación. ¿Han visto algo de educación sexual en la clase de ciencias naturales? No. El aparato reproductor masculino y femenino. Nada más. Nada de anticoncepción ni de embarazo adolescente, ni de enfermedades venéreas o disfunciones sexuales. La profesora refunfuña su anorgasmia para sus adentros. Pone orden a gritos y llama a Jonathan a su escritorio. El niño se acerca. Ya Jonathan déme esa cuestión. Muy bien. Ahora dígame ¿a usted le parece muy bien haberle robado esto a su hermano? ¿No sabe que robar es un delito? Jonathan enmudece. Tengo que contarles de esto a sus apoderados, pero no se preocupe, me voy a encargar de que no lo castiguen. Usted lo hizo por curiosidad ¿no? El niño asiente con la cabeza. Está bien, eso no es delito. Pero sepa también que la curiosidad mató al gato, hijo querido. El niño regresa a su asiento. Se declara asunto terminado y vuelven a clases.

Fumando espero
O sea que si yo no le digo “condón”, el muy perla no se lo pone. Son muy carerraja. Tiene que una estar ahí, vigilando, no se puede confiar en ellos. Te descuidái un ratito y te lo quieren meter sin nada. Que lo tenía en la billetera… seguro. Es el colmo. Ni siquiera le exijo el examen, un certificado. Dice que está sano y yo le creo (igual… se le ve sanito). Pero de hueona que soy. Porque lo quiero. Pero así no se puede. No se merece mi confianza. ¿Acaso él corre el riesgo de quedar embarazado? No. Y a los nueve meses te quiero ver. Imagínate ¿tener un crío con este hueón? ¡Ni cagando! Y ni pensar en otro aborto. Además quién sabe con cuánta hueona puta se habrá metido antes. No, si es el colmo. ¿Qué les pasa a los hombres? Que una no les pueda creer, por la mierda… ¿Qué les cuesta ponerse un condón? Me acuerdo del Julio. Ese no podía ni escuchar la palabra: perdía al tiro toda rigidez. Ja, ja, ja… Decía que le apretaba, el muy fresco. Que acabo afuera, que el calendario… por favor. Bien caro que me salió ese cuento. Igual éste otro anda por las mismas. El perla tiene que hueviar un ratito antes de ponérselo. Y más encima yo la hueona le aguanto que se ponga el condón sólo antes de entrar. Debería ponerle la hueá al tiro. Por la mierda. (…) Puta que se demora. También… ¿a dónde va a conseguir a esta hora? ¡Qué rrrrabia! Hueón culiáo.
Bolsitas de plástico
Al otro recreo dos niños de 13 y 14 años se acercan a Jonathan. Les han ido con el cuento. Los jovencitos sonríen con una complicidad extraña. Oye Jonathan ¿querís saber para qué sirve un condón? Ven. Jonathan los sigue hacia los baños. En las letrinas del fondo hay un grupo de 6 a 8 adolescentes que semeja una sola masa de cuerpos convulsionándose en torno a un par de revistas. Paja masiva. ¿Te pajeái cierto? Sí, miente el niño. Ahora vai a cachar algo más bacán. Cállate y mira, le ordenan. Se encierran los tres en una letrina. Los mayores se bajan los pantalones y con los erguidos miembros lampiños sortean un preservativo. El perdedor se da vuelta, se apoya en el WC y levanta el trasero en ángulo recto. El otro se pone el condón y previo un certero escupitajo en el ano, lo penetra. Al cabo de un breve lapso de sacudidas, se silencian mutuamente los quejidos. El que ha descargado su imberbe semen, extrae del ano de su compañero un pingajo colgante, látex con mierda, y mira a Jonathan con malicia. El que ha sido enculado ahora se sube los pantalones y hurga en sus bolsillos. Extrae con una sonrisa una bolsita de plástico ordinaria, como la que un almacenero de barrio te da cuando te vende dos huevos. Un condón sirve lo mismo que esto Jonathan. Mira, pa que aprendái por que vos soi chico pero avispao. Jonathan siente una terrible erección y una inexplicable culpa. Pajéate no más, le dicen mientras invierten roles. Luego agregan: para eso es el condón, pa culiar por el poto sin que te dé sida ¿cachai?

Conversaciones cruzadas entre un coito y una pelea
- Oye Alfred… estaba sacando la cuenta y sabís que debo estar ovulando…
- Ya… ¿Y? Pásame los cigarros por fa.
- Toma. Que hay que ser más cuidadosos poh. Te ponís el condón al final no más. Tú cachai que yo soy súper fértil…
- ¡Cochino!
- ¿Qué le pasa a este pendejo alzao?
- ¿Por qué no habla con su hermanito mijo, no ve que está en edad de curiosear?
- Si cacho perrita, pero no te hagai atao. Confiemos en que no va a pasar nada, ¿cómo tan mala cuea?
- No si el atao lo tengo conmigo misma ¿cachai? Yo te tengo que exigir la hueá, pero se me va…
- ¡Apuesto a que culeái por el poto con la ésta!
- ¡Chis! ¡Puta que erís metío! ¡Mamá sácame a este pendejo de acá si no le voy a sacar la cresta! ¡Agradece que no te he aforrao por ladrón, pendejo culiao!
- Niños, niños, qué vocabulario…
- Yo también sé, no tenís que exigirme ná perrita, si cacho…
- Sí cachai pero igual te carga ponerte la hueá poh!
- ¡Pero claro que me carga! A cualquier hombre le carga. ¿O creís que se siente lo mismo?
- ¡Cochina!
- Sabís qué más Alfred, me voy.
- No, no, no, espérate. ¿De dónde sacái voh esas cosas pendejo culiáo?
- ¡Los que culean por el poto usan condones, pa no pegarse el sida!
- ¡Jonathan! ¡¿Qué vocabulario, válgame dios, qué vulgaridad, no pueden discutir de sexo – sin hablar así de feo?!
- De educación sexual debería haberle hablado antes señora, este crío tiene la mente podrida.
- Cállese mijita mejor será.
- Pa’ que sepái mocoso entrometido, uno se tiene que poner siempre condón pa culiar. ¡Siempre! Y, pa no pegarse el sida, basta que no seái maricón. ¿Okey?
- Oye Alfred, pero enséñale bien por último poh!
Oye qué buen relato.
Dinámico, me gustó.
Muack.
tengo un cuento :
En una farmacia:
-Hola, tiene usted condones negros?
-Pues no… para que los quiere?
-Es que se ha muerto un amigo y quiero darle el pesame a la viuda.
saludotes
mat
Buen cuento! jajaja buena la talla mati…. nos vimos compadre
Francisco
“Apenas lo muestra. Lo quieren abrir, tocarlo, saber cómo se siente ponérselo. El lo guarda celoso.” –> LO LO LO, ojo con la sonoridad; afecta la lectura tanta repetición, molesta, evita el flujo despreocupado puesto que la repetición sonora constantemente opera en función del pasado, de lo que sonó una oración atrás y así uno se desconcentra.
“[...]evita el flujo despreocupado puesto que la repetición sonora constantemente opera en función del pasado, de lo que sonó una oración atrás y así uno se desconcentra.”: la arrogancia también afecta la lectura.
Qué arrogancia, por dios. ¿Dónde está la arrogancia? Es solamente un CONSEJO, cabrito(a). Supongo que el autor quiere escribir mejor, qué tiene de malo entonces observar algo. Tan sensible, cabrito(a).
consejo recibido Bitin. se agradece. siempre he querido escribir mejor… pero me sale espuma (Vallejo dixit).
a mi me suena a que este foro se puso chaketero…. gracias bitin por recordarnos que estamos en Chile
grande ratón! excelente la parte del baño y la construcción en general
(Ejemplo de “chaketeo” -como le llama cánula- internacional. No es algo exclusivo en Chile. Creo que así se comenta un relato en forma constructiva, jijiji):
“Amigo Pedro, escribiste un comentario con cuya conclusión no puedo estar de acuerdo. Dices textualmente no quiero disminuir tu mensaje con un ana(á)lisis te(é)cnico. Lo cual parece significar que los que tratamos de hacer un análisis técnico, estamos disminuyendo el valor del cuento o del mensaje que éste encierra. Amigo Pedro, no quiero entrar en polémicas, pero a mí me parece que en un foro literario un análisis basado en la inteligencia y la sensibilidad, con criterios objetivos y con instrumentos adecuados no rebaja en nada la calidad de un cuento, antes al contrario da más relieve y valor a la escritura.
Dices igualmente, con entusiasmo, que Zaira escribe como una verdadera profesional (escribes verdadera con mayúsculas, recurso que deberíamos desterrar de nuestro foro, por poco literario). Encontramos unas cuantas cosas que el corrector o el editor no le dejarían publicar a un profesional. De todas formas un profesional es un escritor que tiene “negros” que le redactan sus novelas, que ha vendido su alma al diablo del comercio y de la lista de primeras ventas; los verdaderos escritores, los que escribimos con pasión, sangre y lágrimas y mucha ilusión somos nosotros, aunque nunca nos publiquen.
Bueno, este cuento está bien, es verdad. Bien pensado, bien construido, bien contado, bien escrito. Personajes que son criaturas de carne y hueso; el autor muestra un gran talento descriptivo y narrativo y posee une estilo propio, límpido, fluido, con un tono y un ritmo muy característicos; el narrador se mantiene distante, casi frío, casi como un profesor de anatomía que diseca minuciosamente un cadáver ante sus alumnos, sólo que aquí la disección se hace en vivo: vean ustedes el río de gente que avanza… observen la limpieza que reina en el lugar, fíjense en esos arbustos que el calor y el polvo han teñido de un tono color café… vean cómo el asesino blande un puñal de considerables dimensiones y lo hunde repetidas veces en el cuerpo de Karla. Este narrador que es casi el personaje principal del cuento, la voz que nos guía, el guía que con su puntero va señalando los detalles dignos de verse y de tenerse en cuenta.
El estilo de Zaira es un estilo de ritmo lento y de frases largas (aunque a veces no desdeña las sucesiones rápidas). Si les gusta y lo admiran, estúdienlo y traten de imitarlo. Lo bueno que tiene es que a pesar de esa aparente complejidad es fácil de leer y de entender.
El autor enriquece la frase sin retorcerla y sin hacerla indigesta: acumula los detalles es decir las circunstancias y las comparaciones. El inconveniente que tiene esta manera de escribir es que es irremediable, si no tenemos mucho cuidado, que se produzcan una serie de repeticiones de las mismas palabras o de las mismas estructuras gramaticales que no escaparán a un ojo crítico o a una lectura avisada:
Hay trece (13) adverbios en mente. El adverbio “inmediatamente” se repite cuatro (4) veces
Consecuencia de la minuciosidad en la sucesión temporal de los hechos: hay cinco (5) después o luego, cinco (5) vez (una vez que) y una buena docena de “día”
“Como” aparece en diez (10) ocasiones y “nuevo” (de nuevo, nuevamente, etc) se utiliza en 5 ó 6 ocasiones.
Pueden buscar más: en el primer párrafo la palabra “todo” se repite tres veces y en el espacio de doce líneas leemos tres veces la expresión “se encontraba”
Valdría la pena tratar de evitar tanta repetición. El cuento ganaría mucho y la lectura sería aún más agradable, si cabe. No olviden que todas esas repeticiones se concentran en tres páginas
Tanto como esas repeticiones, me molestaron los gerundios, algunos de ellos descaradamente incorrectos. Pongo algunos ejemplos y copio a continuación lo que acabo de sacar del Departamento de Metodología de no sé qué Universidad, creo que mexicana : Aspectos morfosintácticos de la redacción Autoras: Teresa Ayala P. y Liliana Belmar B. El gerundio
El mal uso del gerundio se ha extendido, quizás, debido a la afición de los periodistas por copiar o calcar estructuras idiomáticas extranjeras.
El gerundio será tanto más impropio cuanto más se acerque a la función adjetiva, a la expresión de cualidades o estados -ya sean momentáneas o permanentes- o mayor sea el desacuerdo entre el tiempo de su acción (especialmente en el caso de ser posterior) del verbo o frase principal. Sólo los gerundios ardiendo e hirviendo pueden ser adjetivos.
Ejemplo: llegó sentándose: no es “modo” de llegar. La acción llegar y sentándose no pueden ser simultáneas; la forma correcta es: llegó a casa y luego se sentó.
Es incorrecto el empleo del gerundio para expresar posterioridad. Ejemplo: el avión se estrelló, siendo encontrado … la forma correcta es: el avión se estrelló y fue encontrado …; se bajó del vehículo, cayendo al suelo, … la forma correcta es: se bajó del vehículo y cayó al suelo
Es incorrecto -también- usar el gerundio con valor adjetivo, es decir, modificando al sustantivo. Ejemplo: me llegó una encomienda conteniendo libros; forma correcta: …que contenía libros; elevé una nota solicitando un aumento de sueldo, forma correcta: elevé una nota en la cual solicitaba aumento de sueldo.
Miró a su alrededor, después a su reloj, dándose cuenta de que
observó de nuevo a su alrededor, descubriendo esta vez
como pretendiendo deshacerse del penoso hecho
Su impulso siguiente fue dirigirse hacia ellas, haciéndolo con un caminar insolente, quebrado, mostrando una feminidad anormal
- ¡Hola chicas!- exclamó efusivamente, recibiendo un saludo igualmente efusivo
comas
La estructura de cuento está muy sabiamente agenciada. Es como un tríptico con tres paneles y la historia que se cuenta en cada panel ocupa una duración de tiempo propia.
El panel central es el primero cronológicamente y dura si me permiten la expresión veinticinco años: los trazos son necesariamente largos, “siete meses después” “pasaron los años” “el pequeño se convirtió en adolescente”
El panel de la izquierda -el segundo cronológicamente- es el más corto: dura sólo el tiempo que Karla espera mientras llega la hora de la cita con sus amigas. Ahí todo está concentrado en el espacio y en el tiempo. El pincel es fino, se busca el detalle y la precisión.
El panel de la derecha consigue algo que sólo podía obtener una mano maestra, algo que parecía imposible: es la continuación de los dos paneles anteriores. Prolonga a la vez el primero y el central empezando allí donde habían acabado los dos. Retoma el tiempo que se había detenido en el encuentro con las amiguis, y a la vez prosigue la historia del hijo de Carlos García después de la muerte de su padre. Eso sí que es hilar fino.
Todo ese tinglado narrativo, ese montaje estructural es de lo mejor que tiene el cuento. Las historias son siempre las mismas: (Jack el destripador. .. la creatividad está en la escritura, las palabras, el montaje, en la forma de contar)
Bueno, creo que ya no digo más. Señalo o corrijo algunas cosas en el texto… a ver si salen los colorines
Fernando
(esto sí que es profesional: el primer párrafo no lleva sangría, los siguientes sí)
El río de gente avanzaba sin cesar. Cruzaban las calles, rodeaban las glorietas, o bien se detenían en cualquier comercio a uno u otro lado de la acera. Era una larga calle cruzada por otras más pequeñas, un tanto irrelevantes, y, por ser una zona nice, se encontraba lo más limpia posible, como no se puede encontrar otra en una ciudad como esta. Igualmente limpias, las glorietas o monumentos del camellón se encontraban rodeados por pequeños y regordetes arbustos [de] color verde, teñidos de un tono café, algo maltratados por el devenir de la vida cotidiana, el incesante y aplastante [cacofonía] calor, y todo eso aunado a la contaminación atmosférica propia del lugar; pero, a pesar de todo, conservaban ese aire de arrogancia y elegancia [es fea esta rima] que se necesita para sobrevivir hoy día. En fin, todo estaba dispuesto para soportar una tarde más, y parecer “hermoso” ante las miradas de los transeúntes locales o turistas diversos [no sé qué cosa es un turista diverso].
Corría la tarde del viernes, Karla tenía ahí una cita pero llegó temprano y decidió entrar al MixUp ubicado al lado derecho de la acera. Observó las nuevas adquisiciones [no me parece apropiada la palabra] que se encontraban en la entrada, y los estantes llenos de Luis Miguel. Miró a su alrededor, después a su reloj, dándose [incorrecto] cuenta de que disponía de un poco más de tiempo para dar un recorrido por la tienda. Bajó las escaleras, se detuvo en “Pop en inglés”, continuó con los “Rancheros”, luego se detuvo en las “Novedades en DVD”, y así llegó hasta el otro extremo. Hizo una última parada en la sección de revistas, e inmediatamente su vista se fijó en la galanura y el porte de un sujeto ubicado al otro lado del revistero, de frente a ella. Decidió [bueno, antes decidió entrar... todo acto es una decisión... ¿hay que repetirlo a cada paso?]esperar un poco para medir las posibilidades de conquista, y comenzó a realizar una serie de ademanes y exclamaciones para llamar su atención. Una vez que logró que él la mirara, esbozó una coqueta sonrisa, luego un guiño del ojo, pero él le devolvió una mirada criminal [es una premonición, un aviso al lector] junto con un gesto cargado de repulsión, extrañeza, un poco de asco [si hay repulsión el asco es mucho], al mismo tiempo que llegaba su novia. Así es, tenía novia y Karla se quedó tan turbada ante tal reacción que su único pensamiento fue el salir del lugar lo más rápido posible.
Una vez fuera[,] observó de nuevo a su alrededor, descubriendo [incorrecto] esta vez a sus tan esperadas acompañantes. Su grupo de amigas se encontraba ya en el lado opuesto al suyo, del lado izquierdo de la acera, tal como lo habían acordado, en inmediatamente realizó un brusco movimiento de cabeza, como pretendiendo deshacerse del penoso hecho ocurrido segundos atrás. Su impulso siguiente fue dirigirse hacia ellas, haciéndolo incorrecto con un caminar insolente, quebrado, mostrando una feminidad anormal y un tanto divertida al mismo tiempo. Llevaba un pantalón a la cadera que se le pegaba a cada músculo de su cuerpo; una blusa con escote pronunciado, zapatillas altas, lentes oscuros y un pequeño bolso de charol que destellaba al contacto con el sol. Es un decir…
- ¡Hola chicas!- exclamó efusivamente, recibiendo [incorrecto] un saludo igualmente efusivo de todas sus amiguis. Después de saludar a todas con el respectivo beso, determinaron [otra decisión] continuar su recorrido por el sendero de la diversión. Todas caminaban con singular contoneo que llamaba la atención de todos; con sus vestidos extravagantes que llenaban con formas quién sabe si naturales o por medio de qué artificios lograban tener todo aquél atractivo tan envidiado por otras; con sus bolsitas multicolores colgadas del antebrazo que se movían en un continuo vaivén que acentuaba aún más sus movimientos de cadera, a tal grado que era inevitable verlas.
**
Carlos García, hombre rústico, petulante /vana y exagerada presunción/ , acostumbrado al trabajo duro y constante, consiguió juntar unos cuantos ahorros con los que emprendió su plan [emprender un plan o ejecutar / realizar?] de trasladarse a la capital, donde conoció a Petra, una muchacha inocente, pobre e ignorante. Como producto de un tiempo de relación en la que ocurrieron muchas cosas, los padres de Petra los obligaron a casarse [no veo a qué sintaxis lógica obedece esta frase ] siete meses después, tuvieron un lindo [¿es irónico? porque lo que sigue no expresa lindeza] bebé, pequeño, frágil, delicado, sutil y enfermizo. Comenzaron a correr los años y este pequeño cada vez se hacía más femenino por su misma condición de endeble salud, y por los excesivos cuidados del padre [curiosa y extraña deducción] . Su madre, en cambio, no lo atendía como era conveniente, casi nunca se encontraba en casa, ni aún de noche, y cuando regresaba, traía más dinero que con el que salía en el día. A falta de madre, el padre se quedaba con él, lo procuraba (¿?)con esmero, pero al mismo tiempo sentía un rechazo hacia él debido a que un enjambre de moscas negras y de enorme tamaño siempre lo rodeaban, y no había ocasión en la que se acercase sin que las moscas se le posasen sobre la cabeza o algún otro miembro de su cuerpo; aunque el niño parecía no darse cuenta de aquellas compañeras que tanto horror causaban a su padre. Aquí confieso que no entendí
Pasaron rápidamente los años, y un buen día dejaron de saber de Petra[,] puesto que salió para ya no volver. ¿Murió? ¿Huyó con algún amante? Nada de eso importa ya. El pequeño se convirtió pronto en un adolescente, pero las moscas parecían no tener intención de mudar de habitante puesto que seguían ahí, revoloteando a su alrededor sin cesar. Cada día se convertía en un apuesto joven, pero su fisonomía seguía siendo sutil y frágil, por lo que el padre cada día tenía más interés en él, extremó sus cuidados, pasaba más tiempo con su hijo, hasta que, en un día fatídico, decidió destrozarle la vida. Así, cada noche, cual murciélago que sale en busca de su presa, el padre entraba en la habitación del niño, y esa ave-mamífero fagocitaba al diminuto ratón, hasta que saciaba su bestial apetito. Si de por sí era un niño con problemas sociales, después se volvió más retraído, tímido y silencioso que nunca. Para su fortuna, el padre murió en un accidente de manera trágica, en una noche oscura y misteriosa, alumbrada solamente por la argentina luz que se desprendía de la luna llena; por lo que aquél niño decidió tomar un camino de libertad hacia el futuro. Estaré ciego o tonto, pero tampoco entendí el espisodio del padre-murciélago que chupa la sangre del hijo ratón
***
Karla decidió [resulta enervante esta gente que a cada paso está decidiendo] que lo mejor era mostrarse tal cual se sentía desde hace un tiempo. Contaba con 25 años y, con el poco dinero que había logrado ahorrar, decidió entrar a una escuela de belleza donde mostró tener grandes habilidades para los cortes de cabello, tintes, manicure, y demás hazañas semejantes. Sin embargo[,] al poco tiempo de dio cuenta de que eso no era suficiente para sobrevivir, y que necesitaba más dinero para poder subsanar todos sus gastos por sí sola. Ese día, el día de la reunión, el grupo de amiguis llegó al restaurante- bar, comieron, y bebieron algunas copas de vino, en medio de una gran algarabía en la que se yuxtaponían voces, carcajadas, además de un continuo chocar de los cubiertos con los platos o las charolas de servicio, como si todo ahí estuviera dispuesto para compartir su alegría. Así estuvieron un buen rato hasta que Karla se atrevió a mirar de nuevo su reloj y supo que ya tenía que irse pues tenía que trabajar. Se despidió con gran pesar de todas ellas, les entregó la cantidad correspondiente a su consumo, y se fue con una singular opresión en el pecho que no sabía a qué atribuir.
Cerca de las ocho de la noche llegó a la calle de Sullivan, algunas de sus compañeras estaban ya reunidas ahí con el mismo fin de obtener un poco de dinero que les aliviara sus continuos penares. Pasaron una, dos horas, aún no había conseguido nada, y la pesadumbre cada vez era aún mayor como si presintiese que aquél no sería un buen día para ella. Cerca de las diez treinta observó un misterioso automóvil ultimo último modelo, negro y con vidrios polarizados, que comenzó a dar vueltas por aquellas callejuelas, hasta que por fin se decidió [si los objetos también deciden decidir...] a detenerse en el mismo sitio donde Karla se encontraba, quien se alegró por un momento ante el dinero que veía venir con aquel sujeto. Los vidrios se deslizaron poco a poco con gracia magistral hasta que dejaron abierto un hueco por el cual escasamente se asomó un rostro que, gracias a la penumbra, no pudo reconocer inmediatamente.
Tenemos un problema con las rayas de diálogo. Ya aquí alguieb mandó no hace mucho unas normas muy precisas y el modo de obtener el guión largo o raya de diálogo. Lo correcto sería
?¿Cuánto? ?Preguntó una fría voz
?Quinientos pesos la hora, papacito, con todo y hotel
?Súbete.
Si quieres integrar el diálogo en el curso de la narración (lo cual me parece muy bien) debes suprimir los guiones. Puedes poner « » o no poner nada.
– ¿Cuánto? Preguntó una fría voz -$500 quinientos ¿pesos? la hora papacito con todo y hotel -Súbete, pero al hotel te llevo yo. Karla obedeció pero sintió que una mala espina se le clavaba en el pecho, aunque hizo caso omiso de su sexto sentido de mujer y subió al automóvil. Ahí dentro, durante unos segundos resplandeció una tenue luz que le hizo [que le permitió] reconocer al mismo individuo que se encontró en MixUp y con el que no había tenido ningún éxito. Asimismo él también pareció reconocerla y sonrió de una manera muy especial que Karla devolvió un tanto efusiva, como agradeciendo su gran fortuna. Sin embargo, él volvió la cara hacia el lado opuesto con una malicia y perversión que Karla no pudo observar, y siguieron con los planes en marcha.
Llegaron a un motel un poco lejos de ahí, a pesar de la advertencia de Karla de que estaban corriendo los minutos y ella cobraría de la misma forma, a lo que él respondió que no había problema y que pagaría todo lo que fuese necesario. Descendieron del automóvil, pidió la habitación y subieron hasta el tercer piso. Karla comenzó a hacer lo que ya sabía con tanta maestría, él la dejó actuar un momento, poco a poco lo fue desvistiendo, pero al intentar quitarle el pantalón la detuvo de manera brusca. Karla se sorprendió un poco, quiso continuar con su trabajo, sólo que cometió un grave error: le dio la espalda para dirigirse hacia la cama de modo provocativo y él, de quién sabe dónde y quién sabe cómo, sacó un cuchillo de considerables dimensiones y lo clavó sin cesar en todo el cuerpo de Karla, con un sadismo y brutalidad tal que casi quedó irreconocible, hasta que hubo saciado sus instintos criminales. Salió del motel de forma natural, subió a su auto y pronto llegó a su casa en la que le esperaba su novia. -¿A dónde fuiste amor? -Duérmete, ya estoy de regreso, tuve que solucionar un asunto.
Él, a pesar de haber cumplido con su cometido nuevamente, no pudo dormirse pronto y cuando lo hizo, tuvo un extraño sueño en el que una especie de gusanos se deslizaban dentro de una estrecha cavidad maloliente e insalubre, y se peleaban para poder pasar. Al día siguiente todo parecía normal y él se mostraba especialmente feliz y emotivo, aunque había despertado con repugnancia debido a aquellas imágenes nocturnas. Inmediatamente fue a observar su colección de sables, cuchillos y demás armas de este estilo, perfectamente acomodadas de mayor a menor tamaño a lo largo de una enorme pared; acomodó el que había usado en su debido lugar; se satisfizo al recorrer con la mirada cada una de ellas y se dirigió hacia el comedor. Durante el desayuno su novia le comentó la nota principal de El Gráfico que versaba sobre el nuevo y brutal asesinato de una prostituta en un hotel no muy lejos de su casa, siendo ya varios los que se realizaban con el mismo móvil y de la misma manera, pero aún sin pistas del responsable de esa cacería. –Tan cerca de aquí y nosotros ni enterados de nada -Qué bueno, se lo merecen. Le respondió con una alegría que su receptora no supo interpretar de modo correcto.
Las compañeras de la víctima se enteraron por el mismo medio y, después de que se recuperaron del impacto y el temor que les provocaba esa nueva oleada en contra de las de su especie, fueron a reclamar su cadáver. Recolectaron un poco de dinero y lograron darle un mísero entierro, con una mísera tumba (como su vida lo fue en general), en el lugar más húmedo y escondido del cementerio, cuya lápida decía así:
“Eduardo García Sánchez.1983-2008, muerto en el cumplimiento de su trabajo. Siempre te recordaremos con gran afecto querida Karla”.”
Como editora de este medio manifiesto publicamente la sorpresa ante este último posteo, que no es comentario sino que limita solapadamente con un afán auto-publicitario del Sr. Bitin, ex ex ex colaborador de Indie.cl. Me parece que todo parte bien, hasta el fin del paréntesis (del primero). Si alguien quiere publicar un cuento (ficción ¿microficción? ¿prosa poética? ¿definición enciclopédica?) puede hacerlo enviándolo a edición@indie.cl
Ahora, como escritora, me parece que (a lo escrito arriba de este comentario) le falta. Pongo en duda también la noción de “profesional” que el Sr. Bitin ha utilizado, me parece que tiene un origen cáduco tal y como la cita (?) a un texto que no entendí bien de donde y porqué salia al baile en este respecto. Como escritora también, agradezco textos que se desmarcan de los cánones, sobretodo, gramaticales. A Bolaño búsquenlo en otro lado.
No es un posteo mío sino algo que pillé por ahí que tiene que ver con crítica a un relato de una persona equis y desconocida, simplemente con el fin de que algunas personas se enteren de que existen círculos de crítica detallista. Nada más que eso.
Y la repetición sonora, señora Ocampo, no tiene que ver precisamente con la gramática. Jijijí.
qué tipo más latero.
oye Bitin, o Pitín, o Pilín….. corta el éspectáculo gratuíto…..las ansias de atención barata latean a cualquiera…. parecís papagallo hablando tanta tontera
Jajajá, gracias por prender tanto.