
Entérate de lo que ocurrió en el lanzamiento del nuevo disco de Jiminelson, por las cinco manos de Juan Soto.

Aperrados: Lanzamiento “Amor del rey” de Jiminelson
Por: Juan Soto.
Dato duro: hace más de una semana me enteré que el nombre de Jiminelson se debe a que Gustavo (vocalista de la banda) se encontró un carné escolar de nada menos que, Jimmy Nelson Becerra. He ahí la explicación a todo.
Dato blando: producto de mi extrema ociosidad me dediqué a buscar al mencionado Jimmy en la web hasta que lo encontré en la base de datos de la mitad de Chile: Facebook. Por supuesto le mandé un mensaje, muy respetuoso por lo demás, en donde le contaba que una banda de rock llevaba el nombre de él.
Dato triste: pasaron los días y Jimmy nunca me contestó el mensaje que le mandé por Facebook. Snif.
Dato final: Jimmy es un ser insensible.
Bueno, son las 10 de la noche del martes 9 de septiembre, y yo estoy esperando que empiece el recital de lanzamiento del nuevo disco de Jiminelson: “Amor del Rey”. La cosa es en el Centro Mori (Barrio Bellavista, Santiago) y antes de entrar a la sala de conciertos me hacen pasar a una carpa blanca, limpia, redonda e iluminada, que me hace recordar la escena final película E.T. (cuando llegan los científicos yanquis vestidos de astronautas y dándoselas de salvadores del mundo). El lugar está lleno de gente y me imagino que somos todos parte de algún experimento científico (para tranquilizarnos reparten cerveza gratis, ojo). Entre los conejillos de india que diviso están Alfredo Lewin de la radio Rock&Pop, Andrea “Nea” Ducci de C.H.C. y Álvaro España de Fiskales Ad-Hok.
Mientras espero que nos hagan entrar salgo del centro experimental para ejercitar un poco la vista. En la entrada al recinto hay dos chicas sacando fotos, pero parece que las confunden con porteras porque llega un flaco que se les instala por delante y les dice “ehhh, yo soy el sonidista”. Se lo quedan mirando y le explican que ellas están ahí para sacar fotos y no para fiscalizar quién entra, y lo dejan ir, no sin antes pedirle que pose para una fotito; el flaco se deja: ¡Clic! Mientras las fotógrafas siguen haciendo su pega de fotografiar a todo aquel que lleve cara de artista me devuelvo a la carpa experimental de la Nasa y me doy cuenta que todos siguen en lo mismo, menos Álvaro España que es el único que anda, muerto de la risa, paseando por entre los asistentes.

Mientras miro a Álvaro (y a su envidiable felicidad) aparece una chica por el fondo de la carpa susurrando para que entremos a la sala. Muy poca gente la pesca y gracias a eso soy de los primeros en entrar al recinto que –confieso- no tenía idea de cómo era, pero me sorprendo gratamente porque la cosa se ve bastante acogedora, y las butacas están aún mejor ¡ñam!. Agarro puesto en segunda fila y no termino de acomodarme cuando ¡epa! la sala ya está casi repleta. La dura, había harta gente esperando este lanzamiento, ehhh…corrijo: habíamos hartos esperando este recital.
Mientras reviso, con mi ojo biónico a los asistentes para ver si ubico a alguien más aparece frente a mi Álvaro, pero Álvaro Espinoza, actor de TVN que ahora está en “Patinando por un sueño”. El loco llega –justamente- con su compañera de baile (una rusa bastante rica que genera una serie de conflictos internos acerca de mis teorías de la belleza). Espinoza, y la rusa rica, llegan con una cámara pegada a ellos que les sigue hasta los movimientos de los ojos, pero ambos se mueven como si nada. Por momentos imaginé que aparecería Rafa Araneda, pero me salvé y los patinadores desaparecen de mi vista, aunque es fácil saber dónde están (basta ubicar a un tipo con una cámara).
Mientras pienso en lo cómodo que me siento adentro de la sala comienza a sonar una música española y ¡olé!, todo el mundo empieza a aplaudir y esto comienza señores, pero no comienza nada porque se corta la música… pero esperen, si comienza porque ¡aparecen los Jiminelson!. Tengo la idea que la cosa empezaba de otra forma, pero filo, en el escenario ya están Gustavo (guitarra y voz), Chino (batería) y Gipsy (guitarra). Todos juntos, y sin misericordia, se encargan de aforrarme la mansa patada de rock directo a todo lo que se llama oreja, despachándose el primer tema de –según yo- un discazo llamado “Yo, Jiminelson” (es el primer disco, lo reconozco de inmediato). Me preparo para sacar las mejores fotos de mi life y me doy cuenta que el escenario se llena de giles que piensan lo mismo, pero con cámaras mucho más interesantes que la mía, pero que tanta weá y me lanzo al escenario, a sacar fotos claro está.
El segundo patadón de rock que nos mandan es “Amor del Rey” un tema que me trae un buen recuerdo porque resulta que yo estaba una vez en la casa de ¡¡epa, Jiuston, tenemos problemas!!. Desde mi cómoda butaca detecto que la cosa no está saliendo muy bien porque hay un ruido muy molesto que nos wevea todo el rato. Los chicos de Jiminelson parece que también lo detectan y están con una cara más rara que chino colorín, pero aún así sacan adelante el tema como sea, y subrayo el “cómo sea” porque de verdad es bien incómodo el momento. Y en esa nos fuimos. Me explico: tengo la idea de que los problemas de sonido, desde el principio, se sentaron con nosotros a escuchar el recital porque puta que weveaba, cada dos por tres, un pito más catete que la cresta. Es rara la sensación porque en realidad nunca me había pasado que terminara odiando tanto un pito, la dura. Bueno, la cosa es que los problemas fueron tantos que en un momento Gustavo se despachó la siguiente declaración de principios “hoy pensaba que iban a rodar cervezas, pero van a rodar… cabezas”. Uhhhh, miedo por el sonidista que a esta altura del partido lo queríamos linchar entre todos. Y los problemas de sonido siguieron.
Ejem, voy a ser bien sincero y quiero que me escuchen con mucha atención. En un momento pensé que Gustavo iba a agarrar sus maletas y se iba a largar del lugar porque la cara de molestia no se la sacaban ni con un cargamento de payasos, pero el loco cachó que estábamos todos en la mejor de las ondas escuchando el recital y aperró. En realidad aperraron, porque toda la banda aguantó estoicamente el lío y, a pesar de todo, siguieron tocando cada uno de los temas como si aquí nada pasara. Pero pasaban cosas en realidad.

Pero la vida no puede ser tan injusta y el momento mágico se armó cuando el público empezó a opinar para poder arreglar el entuerto sonidístico. Al fin y al cabo todos estábamos ahí porque Jiminelson es más que un montón de cables, switches y enchufes que no quieren entender que el enemigo está en otro lado, así que en un ratito se armó un foro abierto y el respetable se puso a entregar, a viva voz, posibles soluciones frente al problema. Que no tenemos retorno, que enchufa los parlantes no sé dónde, que el switch mételo por tal lado, que la caja de no sé qué parte y blablablá hasta que del fondo se escucha un desgarrador grito (como diría Carlos Pinto) que decía “¡yo no tengo la culpaaaa!”. Wá qué triste, entremedio del show de opiniones sacó la voz el flaco que yo había visto sacarse una foto en la entrada: el –ahora- famoso sonidista.
Rara la weá que pasó, pero honesta al fin y al cabo, y en ese momento, caché que estábamos todos como en una gran familia alrededor de una tremenda banda. Fue un momento de iluminación en que mandé a la mierda los problemas de sonido y me relajé escuchando a Jiminelson. Fue un momento clarísimo, en donde todo empezó a funcionar mejor y los chicos se despacharon un set de temazos con bandoneón, o momentos de intimidad en donde sólo estuvieron en el escenario los fundadores de la banda: Chino y Gustavo.
Insisto, lo de Jiminelson más que un recital de lanzamiento fue una reunión de amigos que llegaban a la “casa” y se largaban a tocar. Así pasaron tipos como Jhonny Bitches en la armónica, Gipsy y su engominado pelo en la guitarra, Cristóbal Rolling en los teclados y Fernando Milagros en el bajo (me faltan los chicos de bandoneón y banjo). Lo único que faltó fue que alguien de nosotros se subiera al escenario a tirar la talla y después nos fuéramos a celebrar todos juntos.
Después de todo el lío del sonido Jiminelson nos regaló momentos de oro, como cuando Gustavo avisa que van a tocar con un mito de la escena rockera nacional y presenta a Álvaro España de los Fiskales Ad-hok. Fue el turno de “la sensación”, el penúltimo track del disco “Amor del Rey” (demasiado bueno para ser verdad, pienso, cuando veo a España sacar la voz). O el momento en que se largan con el temazo de “No fue sino hasta que te fuiste” en donde recordé un viejo texto que escuché cuando la Radio Concierto era rockera y que decía que las mejores canciones lentas las hacían las bandas de rock. Y claro, con “No fue sino…” casi me corto las venas, pero parece que me fui en una volá muy emo.

En fin, fueron más los momento buenos que los molestosos, y no tengo idea de cuánto rato estuvieron tocando, porque a mi se me hizo de lo más corto en realidad. Después de la presentación de España (que me dejó con gusto a poco, hay que decirlo) vino un set de temas de excelente nivel hasta que a Gustavo se le ocurrió la pésima idea de retirarse. “Este tema se llama el delincuente” nos avisó, y se mandaron el último zapatazo en la cara de la noche. Entraron un par de mariachis (con cara y vestimenta de mariachis, la pulenta) y ¡toma!: se mandaron el tema estrella del disco. Les explico, antes de que “Amor del Rey” viera la luz, Jiminelson (así como que no quiere la cosa) colgó cuatro temas en myspace y la gallá se mandó nada menos que 20 mil descargas de un paraguazo. La cosa es que la estrella de esas descargas fue “el delincuente” track número uno del disco y, a pedido del público, single de “Amor del Rey”. Chúpate esa. Bueno, la cosa es que con ese “temita” se despidieron, snif. Y se nos fue el lanzamiento de “Amor del Rey” y me dejaron con la cara de un metro porque yo hubiera pagado para que lo repitieran, pero terminaron de tocar y se fueron. Así, ¿plim?
Fue la despedida más triste que recuerdo porque tengo la impresión de que Jiminelson hubiera seguido tocando pero no. Fue una noche rara para todos nosotros. Rara como hoy, que mi madre me mandó un mensaje de texto que decía “hace calor y tengo alegría”, pero después lo leí bien y en realidad no decía alegría, sino que ALERGIA. Este recital tuvo algo de eso. El mensaje decía una cosa pero nosotros leímos mal, o viceversa. La cosa es que deberíamos haber estado todos japi, pero estábamos como con cara de culpables. Me puse a pensar en las películas de vaqueros norteamericanas, que cuando se armaba una rosca en los bares, al primero que mataban era al pianista. No sé por qué, pero siempre se lo echaban, hasta que un día vi, en otra peli, a un pianista con una polera que decía “no maten al pianista”. Una cosa así me puse a pensar, en que la polera del momento era “no maten al sonidista”. Entiendo el momento pero las cosas no son tan graves creo yo, y repito: el rock es más que un montón de cables de mierda.
Como a las doce de la noche enfilé camino a mi casa y como si esto fuera el final de una gran peli, en la vereda del frente iba nada menos que el sonidista, caminando solo por supuesto. Un rato antes estuve hablando con él, y el loco me dijo, con una cara de achaque que no se la podía, que la culpa no era de él sino que de los power del enchufe de no sé qué parte que se conectaban a no sé dónde. Una explicación muy convincente –imagino- pa alguien que sepa de sonido. Lo que es yo, no entendí ni coco lo que me dijo, pero le creí. Así de buena onda andaba yo esa noche, y así de buena onda llegué a casa tipo una de la mañana, directo a meterme al yugo de internet. Revisé mis notificaciones de Facebook y una me llamó la atención: “Jimmy Nelson Becerra te ha agregado como amigo”. Y claro, ¿quién no quiere ser amigo de Jiminelson?.
jiminelson!!!
Me gustó tu relato Pejesoto, pero más me gustó el final, no porque quisiera que terminase, es que el final está MUY bueno.
Cariñooo,
Sue
Excelente Relato Juanso!
Escucho tu voz y tus modismos en mi cabeza al leerlo, es como si me lo estuvieras contando a mi en el bar de don rodrigo, una volá así jajaja.
Saludos a Pixel!
Un relato, a parte de ameno, bastante cercano a lo que mi función cognitiva percibió esa noche. Te apoyo en esta dirección editorial.
Bitches
lo mismo… muy bien escrito, muy ameno, muy real. igual que jiminelson.