
En una nueva entrega, Macho-Ángel despliega todo su arsenal tecno-bio-químico contra una geografía donde el Gato Cósmico y la Clínica Las Condes conducen a un mismo abismo.

Ecce Homo: Varones Tristes, Muertos de Frío
Por: El Macho-Ángel.
¡Abismo, abismo, abismo!
GÉRARD DE NERVAL
1.
Chen-Lin tuvo anoche el mejor sueño en la historia de los sueños. Me lo contó esta mañana mientras tomábamos desayuno todavía metidos en la cama del hotel.
2.
Convengamos en una jaula. Y en el interior de esa jaula, convengamos en monos. Una nueva especie de mono traída desde un lugar recóndito en el norte de África o en el sur de África. Convengamos en aquel lugar que nunca vamos a conocer.
3.
Es el año 1986. Habitación número seis seis seis. Sala de maternidad de la Clínica Las Condes. Una mujer con el 60% de su cuerpo quemado acaba de dar a luz a una pequeña niña de ojos grises.
4.
El turista chileno, en su visita por el zoológico de la ciudad, se pregunta cuál es la diferencia entre ser un chileno medio y ser un medio chileno.
5.
Enormes gotas gordas, como monedas de 1 peso, de las antiguas, caían de las mejillas de Chen-Lin mientras él intentaba reproducir su sueño con el mayor lujo de detalles. Cuando al fin logró hacerlo no pude evitar echarme a llorar junto a él. Estábamos desnudos. El día parecía anunciar el magnífico despegue de una cabeza nuclear. Luego hicimos el amor.
6.
Convengamos que alrededor de la jaula se construye un zoológico y alrededor del zoológico, una ciudad. La ciudad ha sido horriblemente diseñada y se edifica en el centro de un baile siniestro de montañas, como el lugar idóneo que escogen las plantas carnívoras para reproducirse. Convengamos en un nombre para esta ciudad. Convengamos en que el nombre de la ciudad es Varones tristes, muertos de frío.

7.
Fue como encontrarse en medio de un día a pleno sol, sabiendo que son las tres de la mañana, como pasearse por un set de televisión sin público, sin presentador y sin voz en off. ¿Te has despertado alguna vez, duchado, vestido, teniendo plena conciencia de ello, prendido el auto, pasado por una estación de servicio, pedido un hot-dog o un completo, visto a la mujer con overol azul detrás del mostrador, visto que ella te entrega el completo y que sonríe o que hace un gesto muy parecido a una sonrisa y sólo en ese momento, sólo en ese terrible momento, teniendo toda la perspectiva de la vienesa y el ketchup y la mayo frente a ti, dado cuenta que en realidad es de noche, que todavía estás en pijama, que no tienes nada que hacer ahí y que delante tuyo no hay una mujer con overol azul sosteniendo un completo, sino una mujer con la cara tristemente deformada por el dolor, recostada sobre una camilla roja y, según indica la hoja de diagnóstico, con un 60% de su cuerpo quemado? ¿No?, entonces no entiendes nada, le dice el doctor cirujano a su colega mientras conversan detrás del laboratorio químico de la Clínica Las Condes. El cirujano está apoyado contra una de las ambulancias. No entiendes nada de nada, le dice, pero es igual. Se fuman un pito.
8.
Nos duchamos y nos vestimos por separado. Yo me distraje viendo El Gato Cósmico en la tele. Chen-Lin, parado dentro del marco de la puerta que separa el baño del dormitorio. ¿Sabes que es lo que dicen?, me pregunta. No sé, Chen-Lin, no sé que es lo que dicen, pero tengo la leve sospecha que me lo vas a decir. Que esos monitos que estás viendo terminan con un estudiante japonés en estado de coma, tendido en la camilla de un hospital japonés. Y que todos los capítulos de la serie, o sea, los inventos, los robots, los viajes al futuro, o sea, todo lo que ese gato saca de sus bolsillos mágicos, o sea, todo lo que ves, es producto de la imaginación japonesa que circula por las venas artificiales de ese estudiante japonés. Casi lo mismo que pasa aquí, si te pones a pensar ¿Qué te parece? Pues ellos son unos hijos de puta, Chen-Lin, y tú eres un doble hijo de puta por haberlo repetido.
9.
Cabe la casualidad que los monos encerrados en la jaula son rabiosos y bravos para morder. Y cabe la casualidad que los monos son portadores de un virus altamente contagioso vía intravenosa. Y cabe la casualidad que uno de ellos acaba de morder a un turista chileno, mientras él los alimentaba con una bolsa de maní.
10.
Pagamos la noche en la recepción y salimos del hotel en dirección al Cine Arte Alameda. Chen-Lin presentará su primer libro. El cielo era un pañal. Los autos pasaban impávidos ante la blandura de nuestra presencia. Chen-Lin se detuvo en un kiosco a comprar cigarros y un Semanario de lo Insólito. ¿Por qué compras esas huevadas?, le pregunté. Sus globos oculares parecían querer saltar por la borda. Literalmente, el cielo era un pañal. Me responde: porque si no compro una de estas revistas una vez a la semana el mundo se va a acabar.

11.
No puedo evitar pensar en ballenas muertas. En ballenas muertas varadas en la orilla del Mar Mediterráneo. Me subo a una micro, que en realidad es una gran ballena muerta, y dentro de ella encuentro un montón de pequeñas ballenas muertas sentadas en fila. Sosteniendo sus paraguas, también muertos. Ballenas muertas a orillas del Océano Índico. Ballenas muertas a orillas del río Yamuna. Ahora que vivo en una especie de isla es fácil creerse aliviado de los ecos del infierno. Pero los sonidos no se detienen. El sonido de los orificios de las ballenas muertas. A orillas del Ganges. A orillas del Saraswati. Los 366 días de año, el maldito sonido enigmático de las ballenas muertas.
12.
Todo esto me recuerda a un mal chiste: son las tres de la mañana. Estás en tu quinto o en tu décimo café, viendo la cuarta temporada de Lost en la sala del personal, cuando toda la clínica comienza a tiritar. Se te aparece Gary por detrás. Gary o el fantasma de Gary, moviendo los brazos como si no estuviera ahí. Tú lo conoces. Pocos sabes de él, pero te sientes parecido a él, cercanos como, perdona la expresión, cercanos como hijos del mismo útero fallido. Porque en el turno nocturno todos terminan siendo hojas del mismo Pútrido Genoma Nacional. Gary o el fantasma de Gary te mira y te dice: Son las 3:16 de la mañana, papá, es el comienzo del acabóse, papá. Tú le dices: No me rompas las pelotas, Gary. Y apagas el televisor.
13.
Chen-Lin lee en voz alta: Dice aquí que hay una página de internet que revela los códigos secretos en el que fueron escritos los libros históricos. Hace unos días un poeta joven revisó la Biblia. Ahora asegura saber la hora exacta en que se acabará el mundo. No el día, ni el mes, ni el año, sino la hora. Es verdaderamente terrorífico. Doblamos en una mala esquina en un pésimo lugar. A los pocos minutos Chen-Lin y yo nos encontramos peleando por nuestras vidas contra una pandilla de neonazis. La sangre en las orejas no me impide escuchar que Chen-Lin me intenta decir algo.
14.
Las puertas de la clínica abiertas de par en par. Podríamos haber cambiado el nombre de Clínica Las Condes por El Museo de las Partes del Cuerpo o por La Carnicería Pablo Neruda y todavía todo carecería de sentido. No paramos de agitarnos en toda la noche. Los cuerpos no paraban de llegar, como un flujo de baba caliente pegándosenos a la cara. Gary me soplaba al oído: Es el fin del mundo, papá, es el triste final. Philip Bezorra, 22 años, amputación traumática de miembros superiores e inferiores. No me rompas las pelotas, Gary, no me las rompas. ¿Escuchas los golpecitos en las ventanas, los puedes escuchar? Andrés Godzilla, 21 años, hemorragia severa producto de una extirpación genital. No me rompas las pelotas, Gary, no las rompas por favor. Los pasillos bien iluminados, el olor a carne molida, el sonido de las ballenas. Angustia Caballo, 24 años, desarticulación transmetatorsal, hemorragia severa. ¿Acaso escuchas el noc-noc? ¿El incesante peso del vapor sobre las ventanas? Las pelotas, Gary, las rompes. Me rompes las pelotas. Jorgía Cida, 23, hemorragia por violación anal y vaginal con lo que parece ser su propio brazo cercenado. Gary, frente a mí, con su sonrisa estúpida, sosteniendo la camilla con una de las bolsas destinadas a la morgue. Es el triste final, papá, a las 3:16 de la mañana alguien pensó que ya era demasiado y antes de lanzarse por el desfiladero, rompió el vidrio y pulsó el botón. Camila Herrera Miedo, 21 años, poeta, débiles signos vitales, desangramiento anal, 60% del cuerpo quemado. Esto que ves alrededor no es un sueño, papá, es el punto rojo de la sima, el Muñón Plateado del Acabóse.

15.
El turista chileno viaja de vuelta a su país. Las luces sobre el asiento indican que mientras el avión esté en al aire no se permitirá a los pasajeros hacer ningún tipo de fuego ni fumar. El turista chileno carga en su sistema sanguíneo el ingrediente secreto necesario para desencadenar el fin de la raza humana. Pero el turista chileno nunca llegará a su destino. El avión sufrirá un desperfecto técnico y se estrellará contra una isla desconocida. Milagrosamente habrá sobrevivientes.
16.
No alcancé ni a pestañear. Del interior de la bolsa negra, una mano salió rompiendo el plástico y se posó sobre la cabeza de Gary. Sin mucho esfuerzo logró torcer el cuello hasta hacerlo desprenderse del resto de su cuerpo. Como plasticina. La imagen de su muerte quedará por siempre corcheteada a mi memoria.
17.
Abismo, abismo, abismo, me dice Chen-Lin, somos tristes solteros asomados al abismo. Y déjame decirte una cosa: yo no le tengo miedo al fin del mundo. Desde que escuché a Slayer por primera vez en el 86 que sospecho que los gringos ya mataron a Jesús. No tengo miedo, ni me siento solo en los días de lluvia. No le tengo miedo a nada de eso. Hay sólo una cosa en el mundo que me hace tiritar. Y es que Jesús en verdad se muera y que una vez muerto se levante de la tumba y una noche en que yo esté afuera caminando (porque hay noches que son ideales, Chen-Lin, ideales para todo y esas noches yo las uso para caminar), el me toque un hombro y me obligue a ver sus ojos blancos brillando en la oscuridad y me obligue a acompañar su sombra solitaria pasando casa por casa, comiéndoles los cerebros a todos. Me sonríe con cariño. Un neonazi le vuela los tres primeros dientes de una patada karateka.
todo esto me recuerda a un mal chiste