
Chile Bi-200 o cuando el nombre de Griffero se convierte en marca, el público se olvida del material ideológico y la ironía se ha agotado.

Stgo a Mil: Chile Bi-200
Por: Federico Zurita.
La mayor parte del tiempo la obra Chile Bi-200 es lúcida e irónica. Este es el más reciente trabajo de Ramón Griffero y se construye a partir de cuatro textos dramáticos escritos por autores chilenos durante el siglo XIX. La primera parte correspondería a una relectura de la obra Camila o la Patria de Sudamérica que Camilo Henríquez publica por primera vez en 1817 en Buenos Aires, con intenciones de realizar un trabajo dramático que sirviera de instrumento político. Ese era, por cierto, el teatro que la nueva nación necesitaba en la primera década de independencia según Henríquez, y así lo afirma en La Aurora de Chile. Pasado el período romántico de mediados del siglo XIX, en medio de una necesidad de representar temas que puedan identificarse con la joven nación, José Antonio Torres escribe en 1855 La independencia de Chile, que es el objeto de la segunda relectura que realiza la obra de Griffero. La tercera relectura la realiza a la obra La batalla de Tarapacá, escrita por Carlos Segundo Lathrop en 1879. Y la última corresponde a la obra La república de Jauja que Juan Rafael Allende escribe en 1889. Todo este material decimonónico se presenta reorganizado en clave épica.
En efecto, la influencia brechtiana que construye esa clave épica se evidencia desde el comienzo, buscando el extrañamiento desde la primera escena: los mismos actores que después representarán a los personajes de las cuatro obras citadas, personifican a técnicos que revisan los focos, encaramándose en una escalera, e instalan una palmera en un extremo, utilizando un montacargas. Esto anunciaría desde ya que se trata de teatro político (aunque no en el sentido literal y chovinista que proponía Camilo Henríquez) y que para constituirse como tal se nutre de la ironía. Aunque si el espectador no está enterado de que ésta es la forma en que operan los montajes influenciados por el teatro épico, pronto puede ser testigo de cómo la ironía se convierte en una herramienta discursiva fundamental en esta obra. Intensifican ese extrañamiento: las declamaciones exageradas de los actores, la escenografía no realista, el vestuario destemporalizado, la música y la ocasional ruptura de la cuarta pared, presente, por ejemplo, en el paso de uno a otro de los textos citados. Naturalmente (y esto se vuelve a relacionar con las influencias del teatro propuesto por Brecht a mediados del siglo XX) la búsqueda de motivos y textos del siglo XIX no es sólo para hablar de nuestro pasado, sino para hablarnos de un fragmento del Chile de hoy a través de su evolución dramática (que denunciaría una involución ética de nuestra cultural, entendiendo “cultura” como todo lo que somos).
Sin embargo, la marca Griffero pareciera estar agotada. Posiblemente no sea el ideario de Griffero el agotado, pues a él lo percibimos lúcido e irónico, sino el Griffero de la recepción (sustentando estos dichos a partir de las señas que recogemos de la reacción de los espectadores). Distinguimos estos dos Grifferos pues somos herederos de las teorías de la recepción y desde nuestro punto de enunciación, por tanto, nos referimos a un Griffero implícito y no a uno real. Por eso hablamos de una “marca”. Es que sucede que las relecturas que recurren a la ironía como herramienta discursiva, consiguen como efecto primario la inversión de los posibles sentidos políticos de los textos. El problema con el público y su relación con la desgastada marca ya mencionada, se suscitaría en que, pese a que con esta acción dramática irónica se le enrostra una condición ética condenable, la multitud tiende a la risa. Es innegable que la ironía bien hecha es graciosa, pero también, para mantener una robusta construcción, antes de dar risa debe herir y causar dolor (algo que en efecto sí estaría en condiciones de lograr la ironía de Chile Bi-200). Si no produce dolor, es sólo un chiste y deja de ser ironía. Pues bien, el público de la Marca Griffero es incapaz de sentir las heridas que causa este montaje puntiagudo, y más bien siente cosquillas, porque se ha olvidado de que ha asistido a un espacio donde circula material ideológico y se ha quedado con la marca (que dice con letras grandes: Griffero), como quien compra zapatillas o perfume.

Posiblemente los elementos periféricos del teatro (especialmente si se trata de teatro político) insisten en el agotamiento de esta marca: una sala gigante (pero no por eso más popular), una difusión como si se tratara del evento que nadie puede perderse y la omnipresencia de la marca. Otra obra con similares objetivos (rescate de la memoria nacional y difusión de un discurso político) estaría haciendo mejor el trabajo, con su humildad y su tránsito gratuito por las calles de Santiago. Nos referimos (y nos permitimos con esto hacer un link) a La epopeya de Lucho Chaveta de la Central de Inteligencia Teatral. Pero de eso podremos hablar en otra ocasión. Finalmente Chile Bi-200 cierra con una proclama incendiaria y barata, perdiendo la lucidez y la ironía que destacaba hasta la hora cuarenta de función y que casi nadie en la sala más grande de Matucana 100 pudo digerir, atorados por la risa que transitaba desde la primera fila de la sala hasta el fondo de ésta, allá, bien lejos del escenario.
Chile Bi-200
Dirección: Ramón Griffero.
Compañía: Teatro Fin de Siglo.
Duración: 1 hora 45 minutos.
Elenco: Gabriela Aguilera, Margarita Barón, Taira Court, Verónica García-Huidobro, Paula Jiménez, Humberto gallardo, Mario Horton, Claudio Marín, Omar Morán, Matías Oviedo.
Fecha: Entre el 7 y el 25 de enero.
Lugar: Sala Matucana 100.
Horario: 21:30 hrs.
Precio: $ 5.000 general; $ 3.000 estudiantes y 3ª edad.
Estimado:
En que ocasión hablara usted de La epopeya de Lucho Chaveta???
me gusto mucho su analizis de chile bi200 y me gustaria leer su opinion acerca de la obra.
Aprovecho de informarle que este domingo es la ultima función en la terraza Caupolicán, cerro Sta. Lucia. 19:00 hrs.
la obra es genial yo la fui a ver junto con toda la educacion media de mi colegio y me parecio genial
La obra es genial, creo que es por donde se mire tienw como autor a Ramon Grifero, todo el montaje refleja su ideal politico y sus pensamientos, desde la ecenografia del primer acto hasta las poleras con luces, eso fue buenisimo.
Yo la fuy a ver para el estreno y ahora preparare mi examen de montaje y movimiento II basada en la obra y principalmente en estilo del montaje que se utilizo.