Stgo a Mil: “El Pelícano”.

La segunda obra de la Compañía Maleza, aparece nuevamente apoyada en animación y trabajo actoral. Federico Zurita, nos trae un meta-reporte sobre “El Pelícano”, un montaje que no te puedes perder.

Stgo a Mil: “El Pelícano”

Por: Federico Zurita. / Fotos: Daniel Luzanto.

Durante el 2008 la Compañía Maleza presentó la obra El Pelícano, su segundo montaje (el primero fue la obra Maleza en el año 2007, que posteriormente dio nombre a la agrupación). Este segundo trabajo, que durante enero se presenta en el Festival Santiago a Mil, está realizado a partir del texto dramático del mismo nombre, escrito por el dramaturgo sueco August Strindberg en 1907, casi al final de su carrera. La acción de esta obra muestra a una madre ambiciosa y cruel (interpretada por Marcela Salinas) que ha despreocupado, desde la infancia, la atención de sus hijos Gerda y Fredrik, y que en el presente de la acción dramática –cuando Gerda (personificada por Muriel Miranda, quien además dirige la obra) y Fredrik (representado por Diego Ruiz) han llegado a la adultez mal desarrollados– mantiene una relación nada menos que con su yerno, Axel (encarnado por Iván Álvarez de Araya), mientras el fantasma de su marido la atemoriza a diario.

Los hechos representados condicionan que cada incidente posterior, en el transcurso del tiempo de la acción, insista en empujar a los personajes a la más trágica de las caídas. Estos hechos, por supuesto, no responderían a un actuar caprichoso, y la maldad junto con la crueldad no se presentarían como algo esencial en el espíritu de los personajes, sino como algo adquirido. “Sabes qué infancia tuve, Gerda. Puedes imaginarte el horror en la casa en que me crié y todo el mal que ahí aprendí. Es algo así como una herencia”, dice la madre, insinuando cómo su entorno quizás la ha determinado socialmente y aventurándose a que esta determinación tal vez sea biológica.

La maldad, por tanto, no se estaría presentando como parte del extremo de un diagrama polar, como un elemento universal que surge de forma espontánea. La maldad sería una consecuencia, donde lo justo y lo injusto podrían confundirse en una nebulosa. Fredrik así lo señala: “Jamás voy a rendir mis exámenes porque no creo en la justicia. Un testimonio sincero no es válido porque bastan dos testimonios falsos para que se establezca una prueba”. Pero Gerda y Fredrik pueden hallar la forma de ser el final de esta cadena de transmisión de la maldad, aunque eso no implique su salvación. La maldad simbolizada, por tanto, no sería de tipo individual, sino una de carácter social que postula cómo una comunidad tiende a corromperse, probablemente, de forma inevitable.

Uno de los elementos que mayormente llamó la atención de la prensa durante su temporada en el 2008 fue la mezcla del trabajo actoral con una técnica de animación cuadro a cuadro, conocida como Stop Motion (herramienta ya usada anteriormente por esta agrupación). Cabe destacar en este momento –pues creemos que la crítica ha ignorado este asunto– que este no es un simple elemento ornamental, sino una herramienta productora de significado. En efecto, la animación, que recuerda las historias para niños, se suma al espacio donde se desarrolla la acción dramática, que se asemeja a una casa de muñecas en tamaño extra grande. Ambos elementos aportarían a desnaturalizar la idea de maldad y presentarla de forma simbólica en un espacio de ficción que no busca ser un reflejo de la realidad. La actriz y directora Muriel Miranda advierte sobre esto: “te aleja, pero te deja contemplativo”. Lo que ocurre en esta casa de muñecas ya no es apto para niños.

El Pelícano de August Strindberg.
Dirección: Muriel Miranda
Compañía: Maleza.
Duración: 1 hora.
Elenco: Marcela Salinas, Diego Ruiz, Iván Álvarez de Araya y Muriel Miranda.
Fecha: entre el 6 y el 14 de enero.
Lugar: Sala Sidarte (Ernesto Pinto Lagarrigue 131, Barrio Bellavista).
Desde el 9 de agosto al 24 de agosto.
Horario: 21:00 hrs.
Precio: $ 3.000 general.

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