
Una obra basada en la lírica de William Shakespeare se presenta en Teatro la Casa. De su nombre, Bourdieu y más, aquí.

Stgo a Mil: “Violación”.
Por: Federico Zurita. / Fotos: Gabriela Lobos.
En Violación, montaje dirigido por Aldo Droguett y compuesto libremente a partir del poema La violación de Lucrecia de William Shakespeare, Sexto Tarquino es retomado y recontextualizado. Este personaje de la escasa lírica de Shakespeare, que abusa de una matrona llamada Lucrecia, utilizando su condición de hijo del rey -como argumenta para su derecho a cometer tal acto-, reaparece en la propuesta de Droguett como esposo de la mujer violada, desplazándose así las manifestaciones del ejercicio del poder desde el espacio público (en el caso del poema del autor inglés) hacia el espacio privado (en el caso del montaje del director chileno).
Tarquino regresa a su hogar luego de que su trabajo lo ha obligado a estar alejado por un período prolongado. En él se anida un incontrolable deseo sexual motivado por la hermosura de su mujer. “Mi brillante antorcha, no le prestes tu luz al rostro de Lucrecia cuya luz te supera, y morir pensamientos sacrílegos que manchan con vuestras impurezas aquello que es divino. Ofrecer puro incienso en su sagrada ermita y dejad, dejad que los hombres aborrezcan mi acción que ensucia y empaña la modesta túnica del amor (…) mi acto es tan vil, mi condición tan baja que quedará para siempre grabada en mi rostro, yo moriré y el escándalo ha de sobrevivirme (…) mas qué gano si obtengo aquello que deseo, por gozar un minuto llorar una semana o vender mi eternidad por lograr un juguete, por un dulce racimo quién se atreve a arruinar una viña o qué loco pordiosero por tocar la corona se expondría a morir por el peso del cetro”, señala tarquino adelantándose a la tragedia que inundará su hogar.
En seguida, el hombre intenta seducir a la sirvienta de la casa, arguyendo: “qué me importan las leyes divinas o terrenales, si hasta el pecado más negro la absolución lo limpia”. En este acto es sorprendido por Lucrecia, generándose en ella un fuerte rechazo por su marido. Por este mismo rechazo, él se siente con el derecho de realizar exigencias sexuales a su esposa. “Te gozaré esta noche y si tú me rechazas, me abrirá ese camino mi fuerza que tratará de destruirte, para lo cual mataré a tu mísera esclava, para quitarte vida y honra al mismo tiempo, después juraré, juraré que le di muerte cuando le vi besarte”, advierte Tarquino.
Las argumentaciones del esposo de Lucrecia parecen contundentes. En un juicio, tras desatarse la tragedia, la sirvienta intenta justificar el actuar del hombre, configurándose en el hogar de Lucrecia un tipo de relación que Pierre Bourdieu llamaría “violencia simbólica”, la que se caracteriza por una relación asimétrica entre un dominador y un dominado, en este caso Tarquino y Lucrecia, donde el dominado se constituye en relación a su subordinación al dominador. Con esta subordinación, aterradoramente, esa violencia ejercida sobre el dominado parecería natural y justificada. Lucrecia no tendría más opción.
La puesta en escena se lleva a cabo detrás de un telón sobre el que se proyectan imágenes y que propicia un fingimiento en el que el teatro juega a ser cine (sin la desproporcionada tecnología desplegada por la compañía Teatro Cinema para conseguir objetivos similares en su obra Sin sangre, que formó parte de la versión anterior del Festival Santiago a Mil). Este juego, que no es meramente ornamental, se llevaría a cabo con posibles intenciones discursivas. A saber, que las acciones de alta crudeza se realicen escondidas en una nebulosa telar que, pese a encarar al espectador con la violencia de forma viva, impide que esta obra acceda a un estado sensacionalista; y que, además, la violencia simbólica que ha encontrado residencia en nuestra sociedad (y por tanto se ha naturalizado), pueda verse en escena de forma desnaturalizada y podamos, nuevamente, reparar en eso que en la calle o el hogar ya no vemos, porque se ha vuelto habitual.
Violación
Basada en La violación de Lucrecia de William Shakespeare.
Dirección: Aldo Droguett.
Compañía: Teatro La Casa.
Duración: 1 hora 20 minutos.
Elenco: Raúl Oyarce, Catalina Bohn, Marcia Pavez, Marcela Cerda y Freddy Rojas.
Fecha: entre el 6 y el 16 de enero.
Lugar: Sala Teatro La Palomera (García Reyes 58, Santiago).
Desde el 9 de agosto al 24 de agosto.
Horario: 20:30 hrs.
Precio: $ 5.000 general, $ 3.000 estudiantes y tercera edad.
que beuna que hayan agarrado esta onda en indie la crítica laaarga y personal (yo me iba a quejar de que las fotos estaban borrosas, pero era una tela ya cache…) me tinca esta obra…