Teatro: Electra e Ifigenia.

Un clásico de la grecia clásica, de esa que en realidad nadie conoce, se despliega entre Blockbusters, un ataúd y un internado. Todo en la acrópolis del MBA y en las manos de Federico Zurita y Jorge Matta.

Teatro: Electra e Ifigenia (hablan ante un cuerpo)

Por: Federico Zurita. / Fotos: Jorge Matta.

Las hijas de Agamenón y Clitemnestra, estos personajes que llegan a nosotros por el conocimiento que se conserva de la tradición griega clásica, vuelven a aparecer para dar el nombre y el protagonismo al montaje Electra e Ifigenia (hablan ante un cuerpo), que durante enero la compañía Teatro La Cualquiera está presentando en el Anfiteatro del Museo de Bellas Artes, bajo la dirección de la actriz Paola Lattus.

Los personajes son tomados de la mitología griega y recontextualizados con un posible afán simbólico. Así, Electra (ejerciendo un amor filial) se encuentra sola velando el cadáver de su padre, que ha sido asesinado por la puta, que es como ella llama a su madre Clitemnestra. Ifigenia –quien según la fuente griega clásica debe ser sacrificada en honor de Artemisa para que la flota griega pueda tener buenos vientos en su viaje a la destrucción de Troya, pero que al momento de consumarse el sacrificio es cambiada por un ciervo y enviada al país de los Tauros– en esta ocasión ha ido a dar a un internado administrado por monjas que le han enseñado el rol de la mujer en la sociedad, el que no incluye palabras que aludan al amor. Ifigenia ya adulta es, entonces, una frustrada dependiente del Blockbuster. Agamenón, por su parte, que en vida se desempeñó como dirigente sindical de los microbuseros, es un cadáver encerrado en un féretro sólo custodiado por Electra. Orestes, en tanto (sin aparecer en escena), es descrito como un libertino asiduo a las putas que, luego de que su hermana Ifigenia dejara el internado (el país de los Tauros), vivió junto a ella gracias al dinero que Clitemnestra le enviaba a él para que no volviera a casa.

Quisiéramos ignorar (aunque esto se nos hace difícil) que la melancolía que domina la atmósfera, a ratos se ve interrumpida por los frecuentes cambios de ropa que efectúan los personajes Electra e Ifigenia, los que por cierto acumulan varios minutos en los que no se estaría presentando ningún tipo de símbolos que aporten a la construcción de sentido, constituyendo un tiempo muerto dentro de la acción dramática. Lo que sí es preferible ignorar, en este caso, son algunas incongruencias cronológicas en relación a la fuente clásica (Ifigenia y Orestes, que en esta obra vivieron juntos tiempo antes del funeral de Agamenón, se reunieron, según las fuentes griegas, sólo después de que el muchacho asesinó a su madre Clitemnestra y esto último habría sucedido ocho años después del asesinato de Agamenón). Las ignoramos, pues el desplazamiento realizado buscaría, creemos, desarrollar nuevos procesos de significación.

Con este nuevo entramado el abandono que las más jóvenes de la familia de los Atrida están experimentando ha marcado sus vidas, sin posibilidad de que estas huellas puedan ser borradas. Esto podría estar postulando que las instituciones que componen la sociedad (como la nación o la familia) son sólo productos imaginarios, y no reales. La filiación que los miembros de una familia puedan adoptar, no son elementos esenciales cobijados en el espíritu de estos sujetos, sino ideas construidas al alero de una sociedad también construida (las enseñanzas que las monjas le dan a Ifigenia, por ejemplo, o la autoridad de Agamenón en el sindicato). Por tanto, si los miembros de la familia no adhieren de forma natural a tal filiación (como los Atridas, sus preferencias por uno u otro pariente y su cadena de venganzas que desembocan en la muerte de Agamenón y Clitemnestra), la institución no necesariamente se logrará construir. Así, si la familia (como los Atrida) no posee una cohesión esencial, difícilmente las instituciones (como el sindicado que dirige Agamenón) o la nación podrían tenerla, y la filiación que Electra buscaría en Ifigenia respondería a otros criterios ya no relacionados con la supuesta condición natural que ostenta la familia, sino a un trabajo de concretización filial, que en este caso podría relacionarse con la paradoja del abandono que las une.

Electra e Ifigenia (hablan ante un cuerpo)
Dirección: Paola Lattus.
Compañía: Teatro la Cualquiera.
Duración: 50 minutos.
Elenco: Daniela Hernández, Marieta Figueroa, Ariel Lagos.
Fecha: entre el 7 y el 17 de enero.
Lugar: Anfiteatro Museo Nacional de Bellas Artes (Parque Forestal s/n, al costado norte del Museo de Bellas Artes).
Horario: Miércoles, jueves, viernes y sábado a las 21:30 hrs.
Precio: $ 4.000 general, $ 2.000 estudiantes y tercera edad.

3 Comentarios

  1. Paola Lattus Ramos dice:

    Gracias por el espacio y lo que escriben, realmente se agradece el espacio y los felicito
    un abrazo y
    gracias
    Paola

  2. tomás h.- dice:

    q onda las fotos ??
    no se ven.

  3. OSCAR dice:

    ESTA OBRA ES MARAVILLOSA, REALMENTE…
    ES INCREIBLE QUE LA GENTE NO SE ENTERE QUE NO SOLO LAS OBRAS DE SANTIAGO A MIL, EXPELEN MARAVILLA

    GENIAL ACTUACIONES
    DRAMATURGIA

    NADA MAS QUE DECIR

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