Doveris dice: “Lez-bi-ano”.

Una nueva entrega del columnista trans-todo de indie.cl. Esta vez ya no son los pokemones, los picaos a indie, ni los tríos. Esta vez es el turno de los Lesbianos.

Doveris dice: “Lesbiano”

Por: Roberto Doveris.

Desde hace unos meses una idea rondaba mi cabeza, al principio solo como una locura pasajera pero debido a la insistencia con la que se presentaba tuve que tomarla más en serio, sobretodo porque el enunciado era claro y encerraba un aparente sinsentido: ‘Quiero ser lesbiana’. Al comunicárselo a los demás encontré las respuestas más obvias, y siempre con un resquemor envuelto de agresividad: ‘Cómo vai’ a ser lesbiana weón, si eres hombre’, me dijo Monroy apenas se lo dije y me lo hizo ver una pareja estable de lesbianas, esas que podrían ser presidentas de de un país escandinavo y adoptar un bebé de color. El buen sentido de algunos cercanos estaba en jaque, y claro, si vamos a la analítica del lenguaje de los años cincuenta la paradoja es efectiva. Yo, siendo niño, puedo ser heterosexual, bisexual, gay, o ninguna de las anteriores, pero NO lesbiano. Lesbiana es una mujer que le gustan las otras mujeres, pero desde la publicación de ‘El segundo sexo’ (Beauvoir, 1949) ¿no debería estar claro ya que ‘una no nace mujer sino que se hace’, y lo mismo para todas las otras categorías? Cómo es que uno podría hacerse lesbiano y no heterosexual, ¿a qué tipo de códigos tendría que recurrir yo para ser efectivamente una Lez girl y no un chico al que le gustan las chicas? Eso es lo que voy a tratar de averiguar.

La negativa y el rechazo
No sólo Monroy me hizo ver que la intención era un disparate sino que mi propia madre puso grito en el cielo cuando se enteró de mis primeras incursiones. ‘Cómo le explicaríamos esto a tus tías’, llegó a decir, pensando en que ellas saben que me como niños desde el liceo y les encanta. Para Ximena, mi mamá, que me tire a un loco es un acto de honestidad y lo hago de verdad porque ella me asume gay, pero si me relaciono con una señorita la cuestión se convierte en morbo y comienzo a ser depravado, o bisexual, que para la señora open mind es un sinónimo. Pero el rechazo también proviene de las filas lésbicas, porque las más fundamentalistas no estás dispuestas a tranzar espacio en un territorio que se supone de ellas, y que por lo demás han luchado arduamente por construir. ‘Es un impostor’, parece ser la reacción de estas militantes o lesbianas políticas que se reproducen con el agua en facultades de ciencias sociales y humanidades, sobretodo en el campo de la aburrida y ortodoxa sociología e historia. Sin embargo, el rechazo y la negación me provocó un éxtasis que no experimentaba desde primero medio, cuando caminaba por los pasillos del Instituto Nacional con mi mochila fucsia y mi reliquia de abrigo Channel. Las ganas de gritarle al mundo que soy lesbiana, que puedo ser lesbiana y que me identifico como tal no son sólo un impulso de rebelión contra lo social y lo biológico, aunque en gran parte me atrae la transgresión, sino que surge porque los besos que he recibido de señoritas me han cautivado. I kissed a girl and i liked it.

La deconstrucción peligrosa
Evidentemente declarándome lesbiana no hago sino deslegitimar el rótulo de gay, evidenciando su arbitrariedad antinatural, como todo lo que los hombres hemos hecho desde que habitamos el planeta. Hetero, gay y bisexual me resultan categorías aburridas, y ya no tienen ningún valor en el nuevo horizonte, lleno de ricas posibilidades. He ahí el disgusto de las cepas más conservadoras del entorno, pues algunas lesbianas están tan empecinadas en mantener una suerte de ghetto en torno al cual se le rinde culto a la vagina y el lugar del demonio lo ocupa el pene, que son incapaces de poder ingresar en esta nuevas lógicas de explosión del sentido del género. Son incapaces del intercambio sígnico del cual he hablado en un sinnúmero de otros textos y que se ha convertido en la piedra angular de todas mis columnas. Es esa ambigüedad la que se dejó entrever en el texto sobre los Pokemones, en la categoría de Indie-shit (que era estar en un adentro y un afuera al mismo tiempo), en el rótulo de non-gay, en la clasificación de fag-hag y en general de cualquier tergiversación de la norma que se desenvuelva a partir de la utilización del signo: la ropa, la moda, los nicks, los gestos, la música y en general todo lo que tenga que ver con nuestros modos (inestables) de identidad son parte fundamental de este proceso (y quizás me gustaría dejar insinuado que no es sólo parte fundamental, sino lo único a través de lo cual podemos erigirnos como personas).

Territorio de nadie
Ahora bien, es de suponer que a la mayoría les encanta mi nueva condición. Desde hace mucho años antes mi amigo Tian me ha gritado enojado ¡lesbiana! con el libro de Puig en la mano como si fuera la biblia, o bien mi amiga Megumi dedicándome esa sonrisita coqueta y sutil que susurra ‘ambas sabemos que somos del mismo equipo’, obviando el hecho de que ella tiene útero y yo testículos. La cuestión es simple, y lo ha dicho más de un adolescente en momentos críticos: si los que me quieren me aceptan todo está bien. Pero aceptar está lejos de entender, y resulta complicado sobretodo cuando en medio de una fiesta no puedes llegar y explicar la cuestión tan directamente… a veces es más sencillo, como cuando Karen Atala solo dijo ‘eres hermosa’ y me robó un par de besos, pero acercarse a una chica no es nada de fácil. Como yo no sé definir bien el territorio desde el cual me aproximo, manejar certezas en este ámbito es prácticamente imposible y he ahí la gracia, pues, la chica con la que estoy flirteando ¿Es lesbiana y le gusto por mis ademanes de señorita ruda o es heterosexual y le gusto por mis ademanes de caballero afeminado? La respuesta es clara y simple: ¿Who cares?

El juicio final
Cuando el mundo se acabe y Safo nos lleve a su paraíso, separando a los salvos y condenando a los demás, tendré suficientes pruebas a mi favor. Algunas de ellas eran imperceptibles para mi hasta hace poco. La más obvia es que me encantan las lesbianas, desde siempre y por siempre, ya a los catorce años he escrito un cuento en donde la chica termina por despreciar al chico y apegarse más a su amiguita. Pero, ¿Por qué? No lo sé bien, conversando con Nico G una vez llegamos a la conclusión que la razón por la cual nuestras protagonistas (en cortometrajes) eran siempre chicas adolescentes algo lesbianas era porque para nosotros representaban completamente el otro, o la presencia del otro dentro del espacio familiar. Ser adolescente, mujer, sudamericana, pobre y gay no es una lista de factores identitarios neutrales sino que proceden en todos los caso como formas negativas de catalogar a un individuo (frente a los sistemas sociales hegemónicos), y en cierta medida ese mismo grado de marginalidad se vuelve visible y, por supuesto, condenable. Ahora bien, no basta con que te gusten las lesbianas para ser una, hace poco en el diario ‘El ciudadano’ (Portada: Dos chicas besándose, Título: Soy lesbiana y qué?) Pamela Giles declaraba que las lesbianas son fantásticas pero por ningún lado señaló que era una de ellas. A mi no sólo me gustan las lesbianas sino que me siento una de ellas, y por ello quiero seguir enumerando las pruebas a mi favor… ¿Sugar Rush? Tengo todas las temporadas ¿Le tigre? Cantaba sus canciones desde el colegio ¿Sadi Benning? Admiro sus documentales ¿The L Word? Podrían haber hecho las bandas sonoras con la música de mi computador ¿Beauvoir? Mi escritora favorita desde los 13 ¿Mejor amiga de la infancia? La Fabiola, lesbiana. ¿Recurrentes sueños eróticos de mi mamá? Orgía lésbica.

Por supuesto ser lesbiana es mucho más que eso, hay tantos tipos de lesbianas como mujeres hay en el mundo, sin embargo ¿qué es lo común? ¿Qué cosa no resiste ningún tipo de análisis y es la prueba más fehaciente? Nuevamente: besar a una chica y sentir y saber que besas a una igual.

Las incursiones
Son pocos los lugares exclusivamente lésbicos que conozco, he ido a Princesas y me pareció asqueroso: go go dancers esclavizadas en paños menores bailando sin cesar toda la noche, música realmente sin nada de gusto, un personal que más parecía una patrulla policial lésbica que cálidas anfitrionas, video clips de Reggaeton que no hacían sino poner de relieve el infumable machismo centroamericano y bueno, esa canción que nos hizo salir corriendo, tuve que taparme los oídos mientras todas esas señoras gritaban ‘dale maraca maraca, dale maraca maraca maraca’. Fue horrible, estoy triste por haber vivido esa experiencia, y es por ello que sigo prefiriendo esos territorios más heterogéneos donde la fauna es sutilmente inclasificable.

Andrea E. accedió a acompañarme a una de mis últimas incursiones lésbicas hace poco, pero parece que el panorama Doveris en busca de chicas era tan atractivo que terminó siendo una de esas salidas multitudinarias de más de diez personas. ¿El lugar? Stardust. ¿Fecha? Febrero. Ahí estaba Piffardi, mi querido amigo con un corte lésbico desde todos los ángulos, parecido al de Skin (de Skunk Ananasie) o al de Shane en la primera temporada de The L Word, y Pilar, la eterna fag-hag misógina que jamás besaría a una chica en su vida y que lo hizo por vez primera!. Sin embargo Andrea E fue mi verdadera aliada, ya que tuvo que escucharme repetir una y otra vez lo guapa que encontraba a una chica que bailaba en el lugar. La cuestión es más bien patética: no le podía quitar los ojos de encima, ni siquiera quería ir a sentarme para no alejarme mucho de ella y aún así era incapaz de dirigirle la palabra. No solo me asustaba encarar la situación y abordarla pacíficamente sino que además su amiguillo queer del que no se distanciaba ni un centímetro me intimidaba bastante. El punto es que Andrea E., después de varias cervezas es capaz de todo y le habló en mi nombre… y lo logró!

Mari, que así se llamaba la chica, accedió a bailar con nosotros y resultó ser 1000 veces mejor de lo que me imaginaba. Reconozco que me da un poco de vergüenza que llegue a leer esto, pero continuaré, luego las consecuencias. Resultó que habían varios puntos de interés, y además se mostró muy accesible, sobretodo porque Tian más entero que medio borracho entretuvo a su amigo queer en el baño haciendo de todo (sexo oral, dedos y cosas así). A pesar de ello, no he podido hablar con ella desde el lunes porque mi computador murió y me he enfocado estos días en la engorrosa tarea del respaldo, así que le mando un beso desde la columna. x.o.x.o

Conclusiones
Aún no sé si Mari se identifica con el rótulo de gay o de hetero, espero nunca tener que saberlo porque me gusta así, con la escasa información que tengo de ella es suficiente. Me encanta su nariz quebrada como Jewel, su colmillo, su boca, sus cejas, su corte de pelo, sus uñas fucsias. Aún no tengo ese olfato lesbo-radar del que habla una amiga en su blog, alias Doña Javiera Carrera que acaba de salir del closet, y que besa estupendo. Es obvio que al ver a una batch sabes inmediatamente que es lesbiana, y ciertas sutilezas te lo indican en otros casos, incluso un accesorio puede hablar más que cualquier gesto, pero lo cierto es que creo innecesario tener que establecer parámetros claros que indiquen el lesbianismo, de hecho ni siquiera es importante a la hora de mirar a alguien a los ojos y establecer una amistad, como con Mari, o una relación. El mundo puede llegar a ser una gran gran lesbiana y estoy seguro que sería un mundo mucho mejor, lo cual no quiere decir que nos tienen que gustar exclusivamente las mujeres. Es necesario lesbianizar a los hombres, sobretodo, para que cuando se enfrenten a una mujer vean a una igual, no hay nada más placentero que besar a alguien de tu mismo género, esa es la gracia de poder jugar con él y modificarlo dependiendo de la ocasión. Por eso es que también no quiero lesbianas anti-hombres como Valerie Solanas (quien le disparó a Warhol) aunque sus teorías sean tan deliciosas como para tentarse en un exterminio masivo. El intercambio sígnico, que tan bien han comprendido las nuevas generaciones, debe permitirnos poder intercambiar roles y generar juegos caóticos de identidad del cual ojalá salgamos heridos, la idea es no volver a ser nosotros mismos, perdernos en el collage del ropaje y de las máscaras, perder esa morada segura del género y de los patrones predeterminados por nuestra sociedad para la vida de acuerdo a pautas hetero-normativas en donde nos casamos y nos procreamos, como si nuestro único destino en la tierra fuera reproducirnos hasta la eternidad. Alguien ya ha dicho que el hombre no tiene por qué ‘sobrevivir’… ¿entonces? Otórguense la oportunidad de ser lesbianas un día y vean cómo les va, no se van a arrepentir.

10 Comentarios

  1. FELIPE RIVAS dice:

    :) Una columna maravillosa Robertx.
    Me acordé del Manifiesto Lesbiano de Cristian Cabello publicado hace unos meses. Yo mismo fui bautizado como “lesbiano honorífico” por mis amigas activistas lesbianas cuando las acompañaba en reuniones y actividades. Esas no eran tan fundamentalistas…
    Yo pienso que el problema más grande es que si bien algunas categorías en algún momento sirvieron como formas liberadoras de afirmación (gay, lesbiana), hoy comienzan a volverse pesadas cargas que limitan más que liberan. Que lo que ayer fue transgresor, hoy se vuelva (un tanto) reaccionario, singinifica que lo político en general -y en este caso en materia de sexo y género-, no está predeterminado de antemano, sino que depende de los contextos. Es decir, es contingente.
    Hoy ya no es tan transgresor afirmar lo “gay”, reivindicar una identidad “gay” o el “orgullo gay”, que fueron estrategias importantes en la política Post-Stonewall de los 60, sin duda. Hoy lo gay se institucionaliza en el mercado y el consumo y se homogeniza en la estética masculina del gym. Por otro lado lo lésbico, que a través del discurso feminista explora una propuesta “radical”, también ha llegado a institucionalizarse en la fijeza de una identidad y en la estabilidad a ultranza de la supuesta naturaleza de un cuerpo o de la “experiencia” que se tendría desde esa particularidad corporal.
    Habría entonces que explorar en lo queer o incluso a estas alturas ya en lo post-queer, porque curiosamente lo queer, llega a latinoamérica como una importación “blanqueada”, nuevamente institucionalizada, esta vez al reducirla meramente a una disciplina de investigación académica.
    Estoy de acuerdo contigo en que ese lugar está más bien en los márgenes (siempre está en los márgenes) en un contexto determinado. Ahí se producen si no superaciones, al menos reordenamientos de las normas de sexo-género que evidentementen ponen en conflicto la estabilidad del sistema heteronormativo. Y también con tu conclusión, que es en resumen entender que podemos vivir de otra manera, creativa, sin tener que reproducir los estrechos moldes que nos anteceden y que nosotros mismos ayudamos a mantener.
    Saludos
    Felipe

  2. cris dice:

    who cares!
    sólo había h-ojeado tus textos pero desde esta columna pa adelante te tendré entre los favoritos.
    descentrar-se es algo más que divertido, es necesario.
    bacán.

  3. isa dice:

    Okey, lo admito. Apenas lei el titulo supe lo que iba a leer. Porque Doveris, todas hemos sabido siempre que tu felicidad maxima en la vida seria ser una lesbiana. Y aunque en un comienzo no pude evitar recordar el capitulo de The L Word en que Alice esta con un chico al que todas sus amigas le dicen el Lesbiano y se rien de él, despues me conquistaste y no pude evitar sentirme como una mama orgullosa que ve cómo su hija sale del closet. Asique porfavor vamos juntas un dia a buscarte mas chicas, o a buscarnos mas chicas jaja. Porque es verdad, besar a un igual, sea hombre o mujer, es lo mejor.

    XOXO

    PD: Lo más gracioso es que creo que tuve mi propio pequeño affaire con un lesbiano. Después te cuento. Fue como tirar con mi mejor amiga en version hombre, toda una experiencia.

  4. D dice:

    Sugar Rush: done!
    Le tigre: done!
    Besar a una amiga (del otro bando, se supone): done!
    Que una hembra alfa me encalete que le llevo lado femenino: done!

    … parece que soy lesbiano

  5. ANDREA dice:

    debo reconocer que me emociono un poco tu texto Doveris; antes he escuchado a hombres morbosos (y estupidos) decir “soy lesbiana” por la tipica fantasia de macho alfa y que se re-afirma hetero a cada rato
    despues escuche de un hombre que decia lo mismo de si porque le gustaba vestirse como mujer para exitarse en presencia de su polola (gran ser humano); ahora lo entendi de manera distinta: besar a un igual, creo que tambien me he sentido homosexual (entiendase hombre homosexual) al besar a mi pareja y es una sensacion fascinante, es lo mas parecido a un igual que he conocido, aunque obviamente en este machismo diario desbordante no puedo pedir mucho
    pero ahora entiendo un poco mi morbo, que en realidad no es tanto morbo, sino sentir mas cercana esa fantasia casi imposible de encontrarme con otro ser humano y que el genero no se note en cada conversacion, gesto, mirada, etc. He soñado con que pololeo con un hombre homosexual, creo que es tan erotico cuando un hombre puede traspasar su necesidad de ser el hombre y explorar otras formas de mostrarse y comportarse
    en fin, tambien escribi hombre, pero queria resaltar mi punto

  6. Enfant dice:

    Yupi soy lesbiana!

  7. BAnger dice:

    …erai del IN ??? xD

  8. Israel dice:

    wena doveris k bkn k stis escribiendo aca , hay visto a la tia cecy? ajja saludos won
    felicitaciones!

  9. Diano dice:

    Yo, al revés, soy un maricón….

    Saludos!

  10. Magda. dice:

    Bueno, hay hombres que por dentro son mujeres y a veces son tan bonitos de cara y tan delicados como una mujer, en realidad una lesbiana con pene de verdad no está tan mal, pero podría tener sida.

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