Teatro: Hurlyburly.

Una obra que ya tiene película, que reflexiona sobre la ficción y hace de una casa un recurso de utilería. De eso y más te cuenta Federico Zurita y Consuelo Mujica.

Teatro: Hurlyburly

Por: Federico Zurita. / Fotos: Consuelo Mujica.

Davir Rabe, dramaturgo norteamericano nacido en 1940, es el autor de la obra Hurlyburly, que es llevada a escena por primera vez en 1984 en la ciudad de Chicago. El elenco de esta obra, cuyo título puede traducirse como tumulto, conmoción o alboroto, estuvo conformado por William Hurt, Christopher Walken, Sigourney Weaver y Hervey Keitel, entre otros. En 1998 el poco conocido director Anthony Drazan realiza una película basada en el texto de Rabe, titulada Hurlyburly, el lado más salvaje de la amistad. En esta ocasión, los actores que representan a los personajes principales son Sean Penn, Kevin Spacey, Robin Wright Penn, Chazz Palminteri, Garry Shandling, Anna Paquin y Meg Ryan

En el 2008 Hurlyburly es uno de los textos incluidos en el Festival de Dramaturgia Norteamericana que organiza el Instituto Chileno-Norteamericano. En esa ocasión es la Compañía Tiatro la que lleva a escena un montaje realizado a partir de la traducción del texto de Rabe. Este mes, la misma agrupación ha reestrenado este montaje en un espacio no habitual para el teatro, donde la arquitectura del lugar (una casa) se convierte en la escenografía de la obra.

Hurlyburly, bajo la dirección de Mauricio Quevedo, muestra el quehacer, fuera del trabajo, de un grupo de directores de casting de Hollywood. Entre Eddie, Mickey y Artie (representados por los actores Daniel Gallo, Juan Pablo Troncoso y Gonzalo Venegas), parasita un actor desempleado llamado Phil (a cargo de Mauricio Quevedo) y transitan múltiples mujeres quienes, ya sean putas o parejas oficiales, son cosificadas por estos exitosos miembros de la industria cinematográfica. Así, manteniendo relación simbólica con la crítica que se formula a dicha simplificación, Donna, Darlene y Bonnie son representadas por la misma actriz (Andrea Pelegri), otorgándoles el mismo rostro. Como otro ejemplo de esa cosificación, Bonnie intenta cerrar una discusión con Eddie, enrostrándole  “… en caso de que sólo creas que soy una vulva sin cerebro, con pelo rubio y ojos grandes”. Eddie, en tanto, le contesta, “no me había fijado ni en tus ojos ni en tu pelo, vulva”. Artie, igualmente, le dice a sus amigos, “pensé en pasar a dejarles a Donna como una Donna-ción”.

En un primer momento pareciera que la acción dramática de Hurlyburly, desarrollada en un sólo espacio convertido progresivamente en basural (la casa de Eddie y Mickey), nos muestra una historia ajena que, aun con un potencial ideológico capaz de interpelar a otros, sólo nos llegaría a nosotros como objeto ornamental. Sin embargo, estos hechos triviales del Hollywood profundo (desconocido para nosotros) serían útiles como símbolos para una reflexión acerca del aislamiento del sujeto en el acto de la construcción de la realidad. “No somos más que telón de fondo en la vida de los demás. No somos más que personajes de cartón recortados que tienen este gran descontrol. Somos lo que quedó de la vida de los demás”, enfatiza Eddie a Bonnie, luego de que ella ha sido maltratada por Phil. Esto nos recuerda el parlamento de Garcín en A puerta cerrada de Jean Paul Sartre, donde afirma “el infierno son los demás”.

Así, “el otro”, incomprendido por el “yo”, a causa de la forma en que nuestras herramientas cognitivas nos permiten realizar la percepción, se convierte en un objeto de aquel telón de fondo, pudiendo ser el causante del paraíso (como lo es Bonnie para Eddie o Mickey) o el infierno (como lo es Darlene para Eddie o Bonnie para Phil, o finalmente todos para cualquiera). Como partes de este telón, “los otros” se convierten en una ficción de la percepción de cada observante. Una acción dramática que ocurre en un espacio correspondiente al de la principal industria productora de ficción en la historia de la humanidad (Hollywood), insistiría, a modo de símbolo, en la idea de la realidad como telón de fondo. Ahí se evidenciaría cómo los responsables de ficcionalizar su entorno se convierten, a su vez, en ficción de los otros. “Eres un puto telón de fondo, Phil. Te tienen ahí como un decorado. Tienen todas esas historias de mierda a las que necesitan darle un sentido de realidad, un puto aire de autenticidad. Y es ahí cuando toman a un tipo como tú y lo tiran por el set para que la mierda se vea legítima. Eres utilería”, señala Eddie. Recordamos, entonces, cómo para estos hombres las mujeres tienen siempre el mismo rostro.

Esta historia realista, que nos parecía tan ajena en un primer momento, adquiere, así, alcances simbólicos, y el espacio (la casa que se ha vuelto parte de la escenografía) instala esta ficción que reflexiona sobre las ficciones, en un espacio real que debería ser ficticio. Estos traslapos que se generan entre dos planos que parecen incompatibles (realidad y ficción) no hacen más que incorporar al espectador a la órbita de la constelación de símbolos que se desplazan por la casa de Eddie y Mickey, por ese basural donde todos son parte del telón de alguien: de nosotros los espectadores, por ejemplo, quienes al salir de la sala de teatro podemos seguir extendiendo el fondo con una naturalidad aterradora.

Hurlyburly de David Rabe.
Adaptación: Mauricio Quevedo.
Dirección: Mauricio Quevedo.
Compañía Tiatro.
Duración: 1 hora 45 minutos.
Elenco: Daniel Gallo, Andrea Pelegri, Mauricio Quevedo, Juan Pablo Troncoso, Gonzalo Venegas.
Fecha: hasta el 29 de marzo.
Lugar: Sala Etiqueta Negra, Salvador 1014-A, entre Bilbao y Marín. Providencia.
Horario: Viernes a domingo 20:30 hrs.
Precio: $ 3.000 general. $ 2.000 estudiantes y 3 ª edad.

Un Comentario

  1. karolina dice:

    quisiera esta en hollywood por favo es este es mi numero 05804162306554 levo

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