Ego Sum: El rock de la peña.

Felipe Oviedo se instaló en la Población Ángela Davis, en medio de una peña otoñal. Sobre el rock que se encuentra en los lugares menos esperados, entérate acá.

El rock de la Peña

Sobre un show a beneficio en Recoleta
 
Por: Felipe Oviedo. / Fotos: Giovanni Longo.

Es sábado y la noche en la Población Ángela Davis se bebe con calma. Llego a la casa de Gabriel, mítico cantautor que está ensayando los 4 temas que interpretará hoy en la Peña que se realizará en la sede social que acompaña al Consultorio por Av. Recoleta. Él junto a su mujer, Angie, tienen pensado asaltar la reunión con dos temas de apacible insurrección, más dos de popera mística revolucionaria.

Bello Barrio
Cargamos los equipos por las calles, tres cuadras nos separan del escenario, donde se juntará todo el mundo, amigos que hace tiempo perdí de vista y viejos que aún sobreviven con sus chalecos rotos y narices rojas que, por supuesto, traen su propia batería de éxitos.

El fin de esta Peña es reunir plata para la hija de Franco, que sufre por su corazón. El acto es organizado por un colectivo de tintes anarquistas que se mueve en la Población con diversas actividades de orden político cultural, apuntando al anhelado propósito de tomar el sartén por el mango en cuanto a la cultura que deseamos. Acá esta la verdadera solidaridad y no esos actos benéficos que el show televisivo nos quiere vender, aclara un barbón con una polera de Sabina que a todas luces comanda aquella organización; buena onda el loco, después nos fumamos un pucho y tiramos la talla junto al asado.

A punto de comenzar todo, se corta la luz, lo que lejos de apagar los ánimos, incentiva la conversación instalada sobre las mesas, junto a las velas, las convicciones y mucha cerveza; Gabriel no quiere beber pues la última vez que se subió borracho al escenario, incendió a tal punto la masa que se reunió en la plaza, que uno de los presentes agarró a camotazos al carro policial que estaba sapiando.

Esta noche hay un ambiente de camarería que no creo haber vivido en otra parte y también una necesidad de hablar y escuchar rock que no creo exista en ni uno de esos sucuchos donde frecuento reportear.

Tragos baratos acompañan el primer acto, Gabriel y Angie se suben presentados con un nombre que les ocurrió en la mesa, cual dúo que deslumbrase en la revista “Ramona”, en plena felicidad popular, se mandan 4 temas de precioso corte, armados simplemente con la guitarra y el pandero en el suelo, la personal rabia de Angie y la pacificadora voz de Gabriel hacen de aquellos himnos, la paz que le hacía falta a esta guerra.

Luego hace su aparición el cantautor Arcadio Rojas, que pronto peleó con el público por no quedarse callado, a lo que el público hizo caso omiso, provocando que el señor se fuera enojadísimo con su guitarra a cuestas, su poco edificante actuación no parecía estar muy acorde al lugar, donde si nadie se callaba era porque todos teníamos mucho que decirnos. Yo por ejemplo, que me encontré con A. R, que venía saliendo de la cárcel y con la novia de Juan, que afirmaba haberme atendido un par de veces en ese café del barrio Lastarria al que nunca más volví.

La alegría ya viene
Entonces, no sé cómo ni porqué, de la peña se apoderó ese viejo espíritu de siempre, después del bailoteo, se subió un viejo a cantar “Arriba en la cordillera” con tanto sentimiento como vino en el cuerpo. Luego, en un acto de magia que sólo puede realizar la ilegalidad y la música (en ese orden), a todos y al mismo tiempo, nos atravesó una incontrolable e inexplicable felicidad, ahí estábamos todos sobre el escenario, toda esa generación de desacomedidos y chascones que ha pateado piedras, la perra, el tablero, la pelota y la indiferencia, todos tras Gabriel empuñando la guitarra y nosotros con los vasos. Podría jurar que en ese momento me invadió un incontrarrestable sentimiento de bienestar, aún más solo que una raya podía reír. Gargantas apretadas, yo no sirvo para amar, ojos cerrados, canciones de Cats Stevens entonadas en mañanas brillantes y un largo etcétera que desfilaba por las venas. No sé si Bob Dylan, pero si sé que Johnny Cash hubiese estado en la misma, y Enrique Lihn también.

Es verdad, la noche nos envolvió en su saco roto desde donde un centímetro nos separa de cada uno de nuestros sueños hechos pedazos. Yo siempre odié la adolescencia, tal vez por eso mismo no se fue nunca, pienso, mientras caminamos por la población de vuelta con los instrumentos, mientras el amanecer nos devela su secreto: el rock nunca estuvo muerto, anda por ahí, como todos los viejos, de parranda en lugares que ni te imaginas.

3 Comentarios

  1. Felipe dice:

    FOTOS: Giovanni Longo

  2. Franco dice:

    Ese día fue genial ver a todos reunidos como en los viejos tiempos, y ver tocar al Gabriel con la angi fue genial, es como tú dices eso no se ve en otro lada, talvez seria bueno ver al Gabriel en otro tipo de lugares, pero de repente pienso que talvez sea mejor así que siga limpio de todo, que no se contamine con nada, lo digo por lo viciado y también repetitivo que se vuelve todo.

    Pero pensándolo con más calma seria genial que mas gente pudiera ver el talento del ellos…

    PD. Eso de odiar la juventud es algo que nos abarca a todos, pero yo creo que a ti de mas, será por eso que siempre estarás en un 15 forever…

  3. CHE CONEJO dice:

    uds. amigos hacen ke el rock viva.

    P.D: saluuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuud

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