Books: “Diagonales” de Maori Pérez.

A continuación les presentamos un adelanto del libro de Maori Pérez que lanzará este miércoles 27 de Mayo. Estas a un click de malls, metros, micros, samurais y pokemonas.

Books: “Diagonales” de Maori Pérez.

Estas son las líneas por donde pasan nuestras vidas
JUAN EMAR

A Diana Mena y Giovanna Astorga

1.

 
-¿Adónde vas?
-Adonde todos van -responde el suicida-. Al mall. ¿Cuál es su problema?
 

2.

El suicida aparece en medio de la sección de fastfood a las cuatro de la tarde, según la revista. Los consumidores permanecen sin aviso de la cuestión hasta que un guardia vestido como policía canadiense grita: Cuidado, tiene un arma. Pero el hombre, según la revista, sólo tiene una espada samurái, y la usa contra sí mismo enterrándosela en el estómago, a la vista de todos, y luego cae de vuelta en dirección a la escalera mecánica, rozando el pasamanos e impactándose con el suelo artificial del primer piso. Se descubre luego que el suicida es un exiliado japonés de clase media baja que ha perdido a su hija entre los rostros del Centro de Santiago, lugar donde se ubica el mall. La revista cuenta, debajo de la foto en el renglón derecho, que el suicida se llamaba Takashi Mishima. El mall es higienizado por el personal de aseo una vez que la gente ha vuelto a su casa y todas las puertas se cierran por dentro. Algunos diarios lo retratan como El Samurái de La Legua. Los shows de TV parodian la situación: el samurái ha tomado una espada de juguete y no entra; el samurái logra enterrarse la espada pero en vez de caer en el piso cae en una tienda de películas de Akira Kurosawa en oferta; el samurái y el guardia vestido como canadiense pelean contra Godzilla; el samurái amenaza con suicidarse y el guardia canadiense le ofrece un pito de marihuana; el guardia canadiense intenta suicidarse con un pato de hule; dos samuráis distintos entre sí se baten a duelo por el amor del guardia canadiense; a veces el samurái es un pirata del caribe; a veces el guardia canadiense es un oso; el samurái va a suicidarse, pero los espectadores discuten sobre su verdadera nacionalidad (puede ser coreano, ¿o no?, yo creo que el acento es más bien vietnamita, pero hay una gran similitud entre el acento de Vietnam del sur y el del barrio chino de Valparaíso, pero si fuera de Valparaíso hablaría español también, ¿hablas español?, claro que habla español, esa espada tiene que haberla comprado, consecuencia: el samurái los mata a todos con su espada y después hace harakiri; el samurái bailando un reggaeton junto al Epidemia, de Cachureos; el nuevo baile del samurái; hiciste un samurái; los samuráis de la UDI riéndose del asunto y contando una anécdota sobre sus visitas por Japón, “la cosa allá no es tan así”. Algunos periodistas, que también son escritores, tomarán luego esta historia y la convertirán en best-seller. La anécdota será parte de conversaciones sobre mesas de bar, sobre mesas de cocina mientras la madre prepara el puré, mesas de oficina mientras la profesora le cuenta al alumno que lo que ocurrió tiene una razón bien particular de ser en la sociedad que vivimos, balcones donde el amante le dice a su amante que por favor nunca haga algo así por la hija que tiene con la esposa, que no tiene idea pero esta noche sueña con cataratas y pozos rebalsándose, mientras la hija, al despertar, mira monos japoneses en la tele y luego va al colegio, donde los pequeños de siete y ocho años hablan de suicidio como pan de cada día, mientras un adolescente se toma un frasco de pastillas y despierta en una cama de hospital para recibir los retos de toda su familia, indignados de no haberlo educado bien, de no enseñarle que esas cosas no se le hacen a la familia, y durante todas esas noches no sintió el abrazo de nadie y para cuando había despertado hubiera preferido que lo dejaran en paz aunque fuera por cinco minutos porque las palabras en realidad sobraban, todas esas palabras no valían nada. ¿Una espada samurái?, piensa la muchacha, ¡qué rancio el guasho! La muchacha cierra por un momento la revista y la vuelve a abrir en la página de farándula. El metro avanza a pasos agigantados, dejando atrás las primeras estaciones de la Línea 4, yendo de Plaza Puente Alto a Tobalaba.

3.

El nombre de la muchacha es Macarena y por lo que puede ver el joven poeta Diego Vid, es pokemona. Los otros cinco pasajeros que se han subido al vagón (Julio y Marco Flores, José Santos, Valentina Montillo y Andrea Julio) también han mirado a Macarena y se han mirado entre todos. Julio y Marco, en los asientos que dan a la cordillera en la mitad del vagón, conversan agitadamente, y es Julio quien parece llevar la batuta, aconsejando a diestra y siniestra a su hermano, que tiembla en ocasiones, tocándose un anillo en el dedo meñique y mirando por la ventana como si algo afuera lo estuviera amenazando en secreto y en el recuerdo. Diego a veces los mira intentando descifrar su conversación pero no lo consigue y entonces vuelve a la novela. No parece angustiado pero lo está y la lectura entre sus manos no alivia nada, aunque distrae por momentos. Cuando no lo consigue, pega su vista en Andrea unos segundos (está callada, tiene los dedos de las manos entrelazados sobre la falda, una falda de monja que la hace quedar como bicho raro dentro del grupo de pasajeros, un poco más arriba de la rareza de la muchacha pokemona, pero va pensando en otra cosa y no se da por aludida, está tan acostumbrada a pasear por metros y micros en Santiago con esos vestidos y también acostumbrada a que después de un tiempo simplemente miren hacia otro lado y se olviden) o si no se levanta del piso y observa a través del vidrio las luces de la ciudad, los autos encendidos y acelerando en el vacío a esa hora, los semáforos prendidos avisando quizás algo distinto de lo que su función estima, sea la tensión en el apuro por encontrar una farmacia abierta, o la prisa por volver a casa un viernes por la noche, o quizás avisen de la ciudad misma, que se extiende por la noche como un organismo amenazante de promesas que no cumple y del flujo de sus cloacas.

Inscripción nº 179.723
ISBN 978-956-260-472-7
146 páginas
Novela
Editorial Cuarto Propio
Mayo, 2009 

Reseña Contraportada: Diagonales, la primera novela del joven narrador Maori Pérez, es una exploración divertida y horrenda de los actuales sistemas de control del libre mercado, una meditación sobre los arquetipos y la cultura popular, y un homenaje a la tradición japonesa del género Sci-fi.

El autor juega constantemente con dejar afuera el centro del relato, el meollo del asunto, provocando que la historia que se cuenta valga sólo como una señal de aquello que la sostiene. Cada uno de los personajes arma relatos que se observan entre sí desde una realidad mediatizada, la cual nos entrelaza, del mismo modo y a diario, en una Gran Historia hipervinculada por diagonales y túneles.

Los héroes son cinco pasajeros del metro: Julio y Marco Flores, José Santos, Valentina Montillo y Andrea Julio quienes, sin saberlo, asisten a su propio sacrificio en un viaje de otro modo común y corriente. Junto a ellos, rondarán el suicida japonés y su hija, el conductor de un taxi prestado, el mutante Ragno Hitomi, los comentadores Alberto y Pablo y su mentor Gerardo. Con ésta, su primera novela, Maori Pérez vuelve a confirmar que su apuesta es escribir una interesante narrativa.  

Biografía: Maori Pérez (Santiago, 1986) es autor de los libros de relatos Cerdo en una Jaula con Antibióticos (2003) y Mutación y Registro (Ciertopez, 2007). Ha sido publicado en diversas revistas y antologías, además de fundar otros tantos movimientos literarios y revistas. Actualmente estudia Pedagogía en Inglés en la UMCE.

2 Comentarios

  1. Victoria dice:

    WOW, querido.

  2. Rod dice:

    ZZZZZZZZZZZZzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz…

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