
Federico Zurita y Consuelo Mujica fueron a cubrir el montaje que recuerda a “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, y que se presenta en la Universidad Finis Terrae

Teatro: “Simulacro de un Día Perfecto”
Por: Federico Zurita. / Fotos: Consuelo Mujica.
La compañía de teatro Los hombres de Oscar ha preparado su más reciente montaje a partir de un intertexto con la novela Un mundo feliz, que el escritor británico Aldous Huxley publicó en 1932. El resultado es Simulacro de un día perfecto, obra que, al igual que la novela de Huxley, nos muestra un mundo que se esfuerza por ser perfecto, eliminando la familia, las disputas sociales y el arte en función de conseguir la felicidad absoluta. En esto ayuda la manipulación biológica de los sujetos y el adoctrinamiento hipnótico y químico.
El equilibrio es roto por Ernesto, quien presenta ideas disidentes y se resiste al adormecimiento del Soma, la droga de la felicidad. Este personaje, construido genéticamente como uno de los ciudadanos superiores (un Alfa), debe soportar las burlas y comentarios acerca de los errores por los que se habrían desarrollado en él características de un ciudadano inferior (un Gamma). En medio de las costumbres promiscuas validadas por esta sociedad -que niega a la familia como herramienta que propicie la felicidad-, Lenina se cruza con Ernesto, y se ve obligada a experimentar los inevitables trastornos de su influencia. Se suma a este conflicto el viaje turístico que la pareja realiza a las tierras libres del dominio del gobierno mundial y de la feliz libertad química. Recalco la idea de la tierra “liberada de la libertad”, un asunto trascendental en esta obra cuyo discurso se relacionaría con la denuncia de la falsa emancipación en la vida moderna.
La novela de Huxley ya había invertido los elementos propios de la corriente utópica. Por lo tanto, la búsqueda de la formulación narrativa de una sociedad perfecta que sirviera de contraste con la sociedad contemporánea, evidenciando así sus debilidades (como lo hace Utopía de Tomás Moro o La República de Platón), se convierte explícitamente (y ya no por contrastes) en una crítica al capitalismo. Tal como Huxley invierte el formato utópico (igual que lo hace George Orwell con Rebelión en la granja en 1945, para criticar el totalitarismo soviético), Simulacro de un día perfecto invierte, a través de la ironía, los contenidos de Un mundo feliz. Lo hace para cuestionar (podríamos aventurarnos) nuestra propia sociedad, delimitada por la cárcel neoliberal.
Esa denuncia se enfatiza con la llegada de Juan desde las tierras no dominadas por el gobierno mundial. Rápidamente, la libertad de este personaje traído por Ernesto y Lenina se ve coartada por la otra libertad, la del Soma, y el supuesto orden perfecto. En este sentido, la obra propondría la idea de regreso al edén como solución a la libertad carcelaria de la vida moderna, tal como el romanticismo ya lo había formulado a fines del siglo XVIII. Sin embargo, el movimiento romántico surge consciente de lo imposible de ese anhelo y así justifica el dolor como motivo recurrente. Simulacro de un día perfecto postularía, igualmente, cualquier solución como un imposible. Esto, eso sí, concibiendo el sacrificio de Juan como una invitación a la ruptura y no como una romántica constatación de lo imposible.
Simulacro de un día perfecto de Valentina Sanguinetti.
Dirección: Camila Paris.
Duración: 1 hora 20 minutos.
Elenco: Carla Lattus, Cristóbal Aldea, Daniela Palavecino, Macarena Sides, María Jesús González y Pablo Barrientos. Actuación especial de Alejandro Trejo.
Fecha: hasta el 30 de mayo.
Lugar: Sala Jorge Díaz de la Universidad Finis Terrae. Pedro de Valdivia 1509, Providencia.
Horario: Jueves a Sábado 21:00 hrs. Domingo 19:00 hrs.
Precio: $ 4.000 general. $ 2.000 estudiantes y 3 ª edad.
Jueves populares $ 1.500.
Buenisimo!!!! que lindo los colores, la fotografia!!!! quien las hizo!!!???
me darían el dato!
un beso y mier… mier para todos!!!!!!!!!