
Federico Zurita y Gabriela Lobos fueron en busca de las confecciones de “Isabel Sandoval Modas”, el nuevo montaje de la compañía Geografía Teatral.

Teatro: “Isabel Sandoval Modas”.
Por: Federico Zurita. / Fotos: Gabriela Lobos.
Por segundo año seguido la compañía Geografía Teatral realiza un montaje a partir de la adaptación de algún texto de Armando Moock, dramaturgo chileno de principios del siglo XX. La obra escogida durante el 2008 fue Natacha y este año correspondió el turno a Isabel Sandoval Modas, ambas bajo la dirección de Tomás Espinoza Bertrán. El énfasis que propone este segundo montaje puede parecer una trivialidad: la incipiente recurrencia al trabajo de Moock ha propiciado que la frase “clásicos de la dramaturgia chilena” se haya usado con frecuencia, quizás como muletilla inofensiva en la fila para entrar al teatro o en una que otra nota informativa en la prensa escrita. Sin embargo, es latente la posibilidad de que esa frase se use como una idea profunda y significativa.
En el caso de que se trate de esto último, la posibilidad de que podamos considerar la existencia de clásicos de la dramaturgia chilena nos hablaría de una escena literaria (a través de los textos dramáticos) y teatral (a través de las renovadas puestas en escena) que se robustece en su dimensión histórica y política. Precisamente, dada la acción dramática de Isabel Sandoval Modas (escrita por Moock en 1915) y la posibilidad que contiene este texto de seguir mapeando ciertas aristas de la sociedad chilena (ciertas coberturas de información territorial de las psicologías cartografiadas), se nos hace evidente cómo el material ideológico que esta obra propone tiene la capacidad de trascender en la historia y actuar en un nuevo contexto, denunciando una realidad que se sostiene en estructuras precarias e injustas.
Veamos. En un barrio periférico la modista Isabel Sandoval mantiene a duras penas un taller de modas. Su hija Inés Sandoval más Adriana, hija de Don Alejo (estos dos últimos, allegados en la casa de los Sandoval), ayudan en las confecciones de ropa para señoras ricas y mantienen la casa, junto con el esforzado Lalo Sandoval, que no se quita jamás el overol manchado con grasa de motor. Mientras tanto Juan, el tercer hijo de la señora Isabel (el preferido), estudiante de Leyes y proyecto de poeta, reniega de su origen y humilla a su familia. “Usted no conoce a mis amigos, no tienen derecho a ofenderlos”, le dice Juan a Don Alejo. “Y usted sí conoce a su familia y sin embargo la ofende”, contesta el allegado. Pero los excesos de Juan prosiguen: rechaza el amor de Adriana y frustra a su hermano Lalo, quien no puede conseguir el amor de esa persona que él desecha.
Casi cien años después de su creación, Isabel Sandoval Modas nos sigue hablando de las prioridades de una sociedad donde lo económico determina las relaciones de poder de los sujetos que la componen. Juan puede aspirar a la parte alta de la organización vertical, pues pronto será abogado y poeta. Sólo poeta, por supuesto, no sería suficiente, y Don Alejo se lo enrostra: “Te dices poeta, le cantas a la miseria, pero cuando la tienes cerca le tienes miedo”. Dada la fijación de Juan por la parte alta de la vertical social, su inminente tragedia bien podría quedar descrita por palabras que ahora le robaremos al narrador de La piel de zapa de Balzac: “Son muchas las personas que se caen sin peligro, como los niños, que se caen desde demasiado bajo para lastimarse; pero cuando un gran hombre se estrella, fuerza es que haya caído desde muy alto, que se haya elevado hasta los cielos y entrevisto algún paraíso inaccesible”.
Isabel Sandoval Modas, adaptación de la obra de Armando Moock.
Dirección: Tomás Espinoza Bertrán.
Compañía: Geografía Teatral.
Duración: 1 hora 25 minutos.
Elenco: Lía Maldonado, Bárbara Vera, Ana Laura Racz, Gloria Laso, Eugenio Morales, Emilio Sepúlveda, Rafael Contreras.
Fecha: hasta el 28 de Junio.
Lugar: Teatro del Puente. Parque Forestal S/N entre Pío Nono y Purísima.
Horario: de viernes a domingo 20:00 hrs.
Precio: $ 3.000 entrada única.
Nadie creería que esta obra fue escrita a principiops del siglo pasado, tratándose de la lucha contra la diferencia de clases sociales, es un tema que no ha cambiado y es gratificante tenerla en cartelera y sobre el puente del rio mapocho a metros de la toma bajo el puente, donde duermes hoy algunos.
Muy buenas las fotos y el color que recuerda la pobreza y lo antiguo.