Teatro: “Tan sólo el fin del mundo”.

Federico Zurita y Gabriela Lobos asistieron a la actual obra de la compañía Teatro la Vieja en la Sala Finis Terrae. Sobre los desplazamientos narrativos de la obra, entérate aquí.

Teatro: “Tan sólo el fin del mundo”

Por: Federico Zurita. / Fotos: Gabriela Lobos.

La compañía Teatro la Vieja está presentando en la sala Finis Terrae la obra Tan sólo el fin del mundo del dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce, muerto en 1995 con apenas 38 años. Esta obra, dirigida por Marcela Orrego, presenta un desplazamiento desde lo dramático hacia lo narrativo, mostrándonos (en la “imitación de hechos” que constituye cualquier puesta en escena) a Louis, un sujeto que, instalado en un punto de enunciación que se ubica temporalmente después de su propia muerte, nos narra la última visita que realiza, antes de morir, a la casa materna. “Volver sobre mis pasos, ir sobre mis huellas y hacer diálogo para anunciarles lentamente, con cuidado, con cuidado y precisión, eso creo, lentamente, calmadamente, de manera condenable, y no he sido siempre un hombre condenado, para anunciar, decir, tan sólo decir, mi muerte próxima e irremediable”, anuncia Louis. Ahí están su madre, su hermana Susanne, su hermano Antoine y Catherine, la esposa de este último.

Este desplazamiento hacia lo narrativo propiciaría que los hechos representados constituyan imágenes instaladas en la memoria de este Louis que habla desde la muerte, y por tanto no ostentarían la condición de hechos objetivables. Así, la acción dramática de Tan sólo el fin del mundo representa lo desprovisto que Louis se siente frente a la posibilidad de “decir” y “pensar” en su última oportunidad de descifrar la realidad tal como se le presentaba. Louis se siente abandonado por su familia y estos sienten que fue aquél el que los abandonó. “Ves Catherine lo que decía, es Louis, él no abraza nunca a nadie, siempre ha sido así, a su propio hermano no lo abraza”, señala Susanne a la llegada de Louis, antes de que Antoine, estresado por la visita de su hermano, la haga callar. Louis, en el tiempo recobrado por su memoria de osamenta, no logra ser escuchado y apenas logra escuchar. Las palabras, entonces, se articulan con la torpeza del recuerdo extraviado o con la complejidad del recuerdo nítido. En ambos casos subyace el fracaso de la comunicación y Louis (y su parentela sobreviviente, tal como él la recuerda) no consigue comprender el misterio del mundo que, a sus ojos (a todo su cuerpo) finaliza irremediablemente.

El lenguaje se vuelve monótono y repetitivo, como señal del sin sentido de la palabra en la búsqueda de la explicación que Louis (todos los Louis, toda la especie humana) necesita para comprender el pasado, la muerte y la verdad. “Al principio, lo que uno cree, yo creí eso, lo que uno cree siempre, me imagino, es reafirmante, es para tener menos miedo, uno se repite a sí mismo esa solución […] lo que uno cree en un instante, lo que espera es que el resto del mundo desparecerá con uno, que el resto del mundo podría desaparecer con uno, apagarse, tragarse, no sobrevivirme, irse todos conmigo, acompañarme […] que me los llevo, que no estoy solo”, advierte Louis.

Más que respuestas habría preguntas, más que la realidad habría una representación de ésta. Cobra sentido, en relación con esto último, que la acción dramática no se constituya de hechos, sino de los recuerdos de esos hechos acumulados en la memoria seca del cuerpo de Louis degradado por la muerte. “No los escuché. Luego, lo que hago, me voy. No vuelvo nunca más, me muero en unos meses más”, concluye Louis, sumergido en la certeza de la incertidumbre más inquebrantable.

Tan sólo el fin del mundo, de Jean-Luc Lagarce.
Dirección: Marcela Orrego.
Elenco: Catalina Gallardo, Carolina Gimeno, Angélica Neumann, Nicolas Mena, Vittorio Yaconi.
Lugar: Sala Finis Terrae (Universidad Finis Terrae) Avenida Pedro de Valdivia 1509, Providencia.
Fecha: Desde el 9 de julio hasta el 30 de agosto.
Horario: Jueves a domingo 20:00 hrs.
Precio: $ 2.000 estudiantes y 3ª edad. $ 4.000 general.

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