Acoples: The Mars Volta – Octahedron.

Pedro Ogrodnik se reencuentra con The Mars Volta, luego de años de haberle perdido la huella. Del legado de Omar Rodríguez-López y “Octahedron”. Entérate a continuación.

Acoples: The Mars Volta- Octahedron

Por: Pedro Ogrodnik C.

Cuando aparecieron -para el mundo en 2003- con su debut “De-Loused At The Comatorium”, The Mars Volta me voló la cabeza. Estaba muy metido escuchando y descubriendo el rock más progresivo y pelacables de los ’70, y esta banda, liderada por los dos miembros más llamativos de esa máquina imprescindible de furia juvenil que fue At The Drive-In, fue como una respuesta a mis plegarias por oír música nueva y de amplio alcance. Música nueva que fuera desafiante, impredecible y en picada contra todas las barreras, en un momento donde la planicie y las estructuras recocidas seguían agarrando del cuello al mainstream, pese a la irrupción de las bandas de vintage rock –todas aquellas cuyo nombre comienza con “The” – que en más de algo había refrescado el panorama.

Han pasado 6 años, 3 discos donde les perdí un poco la pista –es que no fueron el mismo impacto y se fueron por un camino aún más laberíntico y difícil- y dos controvertidas presentaciones en nuestro país, ambas para años bisiestos, hasta que finalmente ha llegado a las manos de este humilde escribano la nueva entrega de esta mutación, “Octahedron”.

En 50 minutos, ocho nuevos cortes traen de vuelta a una nueva encarnación del grupo, que desde sus primeros acordes se muestra como una bestia más apaciguada, casi domesticada, en temas donde las estructuras están más definidas y son algo menos crípticas e intrincadas que en el pasado. Según el propio Omar Rodríguez-López, “Octahedron” es una aproximación del grupo a hacer algo más lineal, acústico y digerible, pero siempre dentro de ciertos márgenes y bajo ciertas condiciones.

No obstante, pese a mostrarse más domesticada, The Mars Volta sigue siendo una bestia y esa condición se muestra de forma latente a lo largo de todo el disco, en momentos con más fuerza que en otros, pero sin terminar de explotar como se esperaría de ellos. Confirman mi tesis temas con alta dosis de tratamiento acústico como la muy bien lograda apertura ‘Since We’ve Been Wrong’, ‘With Twilight as my Guide’ o ‘Copernicus’, a la vez que ‘Teflon’ muestra una inusual faceta que acerca el estilo del grupo a algo mucho más cercano al pop –aunque a su manera- mientras que ‘Cotopaxi’ y el final ‘Luciforms’ están más cercanas al estilo de siempre, con baterías hiperkinéticas y melodías enrevesadas de guitarra coronadas por la muy elástica garganta de Cedric Bixler-Zavala.

Fanáticos de discos como “Amputechture” (2006) o “The Bedlam In Goliath” (2007), podrían tomar en cuenta el recientemente aparecido disco de El Grupo Nuevo de Omar Rodríguez-López, que en cierta medida continúa de forma más lógica la senda más experimental y enloquecida de los Mars Volta de “Bedlam”. Muy recomendable este “Octahedron”, uno de esos discos que chocan al comienzo, pero que con sucesivas audiciones va tomando forma y creciendo en el interior del oyente.

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