
Esta no es una obra militante. Esta obra no busca formular discursos feministas. Sobre feminismos fallidos nos habla Federico Zurita.

Teatro: “Leche Asada”.
Por: Federico Zurita. / Fotos: Jorge Alliende.
En la sala Sidarte se está presentando la obra Leche asada, escrita y dirigida por la actriz Alejandra Saavedra, quien (junto a Loreto Rojas, Sabina Odone y Cristian Rojas) también forma parte del elenco. Leche Asada explora, con humor, en los conflictos de autoestima que, tal como lo propone el espacio de ficción de esta obra, envolverían a la mujer actual. Para esto, una sola mujer es representada a través de tres voces, y a su vez esta única mujer desdoblada, intenta ser genérica, constituyéndose este margen como una pretensión inabarcable. “Llevo trescientos cuarenta y cinco mil seiscientos segundos, cinco mil setecientos sesenta minutos, noventa y seis horas, cuatro días sin poder dormir; lo he intentado todo, todo, pero no puedo dejar de pensar, no puedo dejar de pensar en qué más puedo pensar, pienso todo el rato, he leído todos los libros que tengo, he bebido todo lo que se bebe, he comido todo lo comestible, he fumado y eso que yo ya no fumo, hace cinco años que dejé el cigarro”, señalan estas mujeres al unísono o intercalando turnos.
Los conflictos que preocupan a esta mujer son del tipo: “No puedo parar de pensar en todos mis quehaceres, responsabilidades y exigencias que tengo como mujer, como por ejemplo, llamar al servicio técnico de la lavadora, porque yo no sé arreglar la lavadora, comprar leche descremada, porque yo no tomo leche entera, y no puedo parar de pensar en el hombre que hace unos días me coqueteó esperando cruzar la avenida, en todos los hombres que me han coqueteado esperando cruzar la avenida, y me coquetean, y me coquetean, y cruzan la avenida”. Además, su memoria rescata de la infancia una revisión tangencial del bullying padecido. Aparecen, entonces, un malogrado corte de pelo a lo Janet Jackson para luchar con la residencia de los piojos en su cabeza; un tardío desarrollo de las curvas del cuerpo; y un desengaño tras la disolución del cuento del príncipe azul.
La acción, construida a partir de cuadros en que se representan las meditaciones íntimas de esta mujer con pretensiones de universal (el desdoblamiento, insistimos, sería un símbolo de aquella pretensión), se sostiene en el humor. La mujer triple que protagoniza Leche asada, y que comparte el espacio con el dinámico personaje masculino que cumple una función utilitaria en el desarrollo de los hechos, narraría sus conflictos sin aproximarse ni a la ironía ni al humor negro. De hecho, los arrebatos y chascarros que componen la historia de esta mujer autodefinida como histérica, ostentarían la condición más blanca del humor, pues la ironía o cualquier ennegrecimiento de los chistes, se relacionarían más bien con la denuncia. Aquello, sin embargo, a partir de los elementos expuestos por la obra, no podría considerarse como un posible sentido de ésta.
Indudablemente, Leche asada es una obra sobre mujeres, pero no toda construcción simbólica que presente motivos relacionados con lo femenino tiene que ser feminista. Ni siquiera, aunque así lo verbalicen las mujeres de la obra, es un verdadero interés de ésta, preocuparse por los quehaceres, responsabilidades y exigencias de las mujeres. Podemos afirmar, entonces, que Leche asada no es una obra militante, pues no busca formular discursos feministas. Está en todo su derecho, por supuesto, de no serlo. Sin embargo, con la existencia de mujeres que hablen así de sí mismas, no se necesita de machistas para seguir etiquetando, estereotipando y simplificando a la mujer.
Leche asada de Alejandra Saavedra.
Dirección: Alejandra Saavedra.
Duración: 1 hora 10 minutos.
Elenco: Loreto Rojas, Sabina Odone, Alejandra Rojas, Cristian Rojas.
Fecha: del 23 de julio al 16 de agosto.
Lugar: Sala Sidarte, Ernesto Pinto Lagarrigue Nº 131, Barrio Bellavista.
Horario: Jueves a sábado 20:00 hrs. Domingo 19:30 hrs.
Precio: $ 3.000 entrada general. $ 2.000 estudiantes y tercera edad.
Que malas las fotos ¿que pasó?