
Una obra sobre la manipulación, el poder y las malas intenciones es lo que se presenta por estos días en el Festival Santiago a Mil. La realización dirigida por el legendario Alejandro Goic y protagonizada por Mateo Iribarren, Patricia Rivadeneira, Alejandro Trejo y Maz Corvalán, es uno de los tantos re makes que por estos días se presentan en el FSAM.

Teatro: “El Coordinador”, enraizado en la estructura social.
Por: Federico Zurita.
En un ascensor descompuesto un ascensorista manipula y somete a los tres pasajeros que realizan un accidentado viaje. Los pasajeros pueden entrar, pero no pueden salir de la claustrofóbica cabina que los moviliza hacia arriba en un edificio de un altura interminable, quedando a completa disposición del pequeño dictador. De esta forma, “El coordinador” –obra escrita por Benjamín Galemiri que, tras ser estrenada en 1993 por la compañía Bufón Negro, tiene nuevo montaje en el Festival Santiago a Mil– construye una alegoría de la forma en que las sociedades jerarquizadas, como la chilena o cualquiera de las occidentalizadas naciones del tercer mundo, articulan las relaciones de los individuos que las componen. Los hechos de la obra, dirigida por Alejandro Goic, son presentados como una comedia cruel que se aleja del realismo y que dosifica los niveles de patetismo para que predomine por sobre la lástima o la emoción fácil, la crítica social que intenta formular la interacción de los símbolos.
El ascensorista (interpretado por Mateo Iribarren) tiene las armas necesarias para ejercer el control del pequeño espacio simbólico. Manipula a su antojo a los dos hombres (Max Corvalán y Alejandro Trejo) y a la mujer (Patricia Rivadeneira) que habitan esta nación alegórica. “No trate de oponerse a mi encanto, sería fatal. Si llega a sentir por mí algo más allá de lo puramente afectivo, no tema”, le dice el dueño del espacio de dominación al primer pasajero. Más tarde señala a los demás, “los ejecutivos de los diferentes pisos se fornican a sus secretarias en el ascensor… son leyes del mercado, tengo una gran cantidad de clientes de todo tipo, ministros, políticos, religiosos, dignatarios del mundo, diplomáticos”. Frente a los reproches de la mujer, el pequeño dictador le advierte, “usted no entiende nada, negocios son negocios, en qué mundo vive”. Se suma a esto el hecho de que el ascensorista maneja información de todos los pasajero, finalmente de todos los que transitan por el edificio. De esta forma, comienza a quedar en evidencia que el que controla puede articularse como un símbolo del pequeño grupo de ciudadanos que ostenta el poder económico y la información.
Precisamente, el que coordina se constituye en un pequeño dictador diferente del militar. Si pensamos lo anterior en relación con la situación contextual del primer montaje de esta obra –realizado en 1993–, el potencial ideológico de ésta apelaría, ya en democracia en Chile, al desplazamiento de la ostentación del control en la sociedad jerarquizada: desde el dictador tradicional hacia el dominador en la sombra, el que controla las transacciones económicas y la información que, en tales intercambios, podría beneficiarlo. El ascensorista no es el presidente del edificio, ni siquiera del ascensor; sin embargo, se comporta como el dueño, pues su rol en la estructura se lo permite.
En el actual montaje la figura del controlador en la sombra que manipula con carisma, como el ascensorista a la muchacha que icluso se vuelve atractivo, mantiene total vigencia. El poderío económico, la información privilegiada y la manipulación emotiva son asuntos que nuevamente aparecen representados en el ascensorista de “El coordinador”. De esta forma, el montaje del reunido grupo Bufón Negro, en su inevitable diálogo con la obra que ellos mismos montan hace diecisiete años, postularía que el modelo criticado al comienzo del retorno a la democracia en Chile se ha enraizado lo suficiente en la estructura social como para desear abandonar la sombra, y tomar el control.
El coordinador de Benjamín Galemiri.
Dirección: Alejandro Goic.
Compañía: Bufón Negro.
Elenco: Alejandro Trejo, Mateo Iribarren, Patricia Rivadeneira y Max Corvalán.
Fechas: desde el 10 al 24 de enero (excepto el 17 de enero)
Horario: 22:30 (del 10 al 21) y 21:30 (del 22 al 24).
Sala: Teatro Universidad Católica. Jorge Washington 26, Plaza Ñuñoa.
Precios: $ 5.000 General. $ 3.000 Estudiantes y Tercera Edad.