Demoliendo Teles: Los malos de nuestra TV.

Desde Pinochet hasta Jorge Schaulson, pasando por “Sarita Mellafe” y “El Malo” de Daniel Muñoz. Alejandro González hace una revisión de los personajes más malos de la política y la televisión chilena.

Demoliendo Teles: Los malos de nuestra TV.

Por: Alejandro González.

Gente mala hay en todos lados, es verdad. Pero nunca tan maravillosamente estereotipada como en la televisión y en el mundillo mediático y político chileno. Desde el insoportable arribismo y crueldad sin límites de Sarita Mellafe en la célebre “Fuera de Control”, hasta Augusto Pinochet y su laaaargo procesamiento por los famosos Pinocheques y claro que sí, por su inconcluyente participación en los atropellos a los derechos humanos durante su dictadura.

Personajes que marcaron pauta, no por ser el prototipo de ser humano mira-que-bueno-es o el me-iré-al-cielo-porque-dono-sangre-y-soy-donante, sino porque se destacaron por haber tenido al diablo tras su sombra, porque en alguna parte de su numeración telefónica, dirección o RUT tenían un trío de seis.

Para esto, se me vienen a la cabeza maraqueos varios como la Quenita y el plantazo en el altar al ídolo de todos, Iván Zamorano. O también, la mariconada de la Carla Ochoa con el concejal de la ropa interior, Patito Laguna.

Pero mejor remontémonos a mediados de los años 90’, cuando el Pollo Fuentes aún era rico y washito carnúo para las abuelitas calcetineras y no se le veían las canas cuando animaba su programón “Venga Conmigo”. Cómo olvidar uno de sus sketch’s más bacanes de la historia –después de “Mi tío y yo” con Gonzalo Robles y Cristián de La Fuente –, donde aparecía un tipo con un tremendo tajo en su cara, con pelo largo y desaliñado, con chaqueta de cuero y jeans con manchas de típico ebrio, desgastado y roto, producto de varias caídas. Como si lo pusiera por casualidad en este entretenido artículo, se llama “El Malo”, y claro… no podía ser otro que el cuequero post-moderno Daniel Muñoz.

Gracias a El Malo pudimos deleitarnos con las bondades del coa y convertirlo, a mucho pesar de los más letrados, en el nuevo lenguaje coloquial de la gallá chilensis con contundentes: “Shía”, “Quí ti pá machucao” o con notables pruebas de lo malo que uno puede llegar a ser con anécdotas tan humanas como: “Yo soy tan malo, tan malo, tan malo que ahogo a los gatos shico, shiaaa!”.

¡Un aplauso para el molde del roto decimonónico!

Y si de teleseries se trata, Sara Mellafe no puede quedar fuera. Por dios, que maaaaala esa mujer. De hecho, no se sabría afirmar si Paulina Urrutia fue más mala interpretando ese personaje en Fuera de Control o si en su actual cargo de Ministra de Cultura. Como sea, junto a Axel Schumacher (Luciano Cruz-Coke) fueron el dúo dinámico de la maldad y el más claro ejemplo de que para ser malo, primero hay que vivir en una laguna escondida en donde habite un viejo ermitaño loco.

Sarita Mellafe, una mujer que teniéndolo todo en la vida (incluso, para las féminas, una envidiable chasquilla araña) centró todas sus fuerzas en cagarse a sus amigas con harta teoría maquiavélica. Tanto así, que si usted estimado lector, busca una explicación del porqué Úrsula Achterberg (Silvana Maldonado en la teleserie de la estación católica y enemiga pública de Mellafe) decayó a la cleptomanía crónica, es por la perversidad con que Sarita la engañó. O ¿me van a decir que no recuerdan cuando con ayuda de su buen amigo Axel, la encerraron en una casucha para “violarla”, terminando la magistral secuencia en un trágico incendio en donde nadie la rescató, quedando Silvana con imborrables heridas?

Si hubiera un título universitario para ésto, Sarita Mellafe se gradúa con distinción máxima como “Doctora en técnicas de maquinación conspirativa”.

¿Iván Andrade? ¡Claro! Un joven y washón Cristián Campos en Marparaíso. Con su clásico ojo café y otro celeste fiel reflejo de una personalidad bipolar que cualquier sicópata quisiera tener. Para qué hablar de su frialdad. ¡Envidiable! Sin duda, aquella producción de Canal 13 se lleva el premio a uno de los mejores finales de la historia: una, por su sabor amargo y angustioso, y dos. por lograr que, a diferencia del cliché, sea el antagonista quien posea el papel principal y por cierto, se quede con todos los créditos por su inmortalidad, que puta que sorprende en su último capítulo cuando de la nada aparece con el tremendo regalito:  Un negrito apuntándole a la pareja perfecta, interpretada por una exquisita y jovial Alejandra Herrera y un post-puber y cuasi imberbe Jorge Zabaleta, de parte del maestro del suspenso: Iván Andrade. ¡Todo un highlander!

Si quiere algo más actual, hablemos entonces de Leontina Aguirre (Bárbara Ruiz-Tagle) en El Señor de la Querencia. O sea, para levantarse al marido de una mina en esa época había que ser, primero, bien care’raja para llegar y apoderarse de tu casa, tu cama y por cierto, tu marido y, segundo, bastante valiente como para mamarse los típicos comentarios técnicos de las viejas copuchentas, sobre todo para la época que -al menos en los libros- se lee bastante conservadora.

Una personalidad basada, quizás, en las dominatrices contemporáneas. Brígida y fría, nada le sorprendía, nada le movía un pelo. Ella sólo quería poder, poder y más poder sin importarle lo que hubiera que transar. Fiel modelo de las trepadoras del siglo XXI y excelente ejemplo para que los machotes, como nosotros, tomemos nota del cómo se las ingenian para ganarse la confianza del que hasta hace no mucho, mandaba en la casa. Por cierto, me refiero a los hombres.

¡¿Quién se iba a imaginar que la pobre Juanita (¿Dónde está Elisa?) pudo ser tan mala en sus antepasados?!

Ahora si usted no es asiduo televidente de teleseries de culto, hablemos de los más malos en la política, pero rapidito para que no se aburra pueh’ gancho.

Primero, Ricardo Lagos. ¡Hueón maricón! Tuvo el record de aprobación ciudadana cuando nadie sabía que sería el artífice de la cagá más grande desde la cuestión social a principios del siglo XX: El Transantiago. Pero no sólo eso, sino que meses después de dejar el poder se sabría que habría sido responsable, en su calidad de mandatario, de graves irregularidades en empresas públicas como Ferrocarriles del Estado (EFE) o las objetables coimas y honorarios sospechosos dentro del Ministerio de Obras Públicas dentro del bullado caso MOP-GATE.  ¿Y decir después que los problemas de la Concerta son una “hojarasca”? Malo, malo, malo.

Después tendríamos al guatón Fernando Flores. Cómo no odiarlo. Malo porque después de haber pertenecido al MAPU y hombre de confianza de Allende, llegando a ser incluso parte de su gabinete ministerial y luego uno de los más asiduos detractores a la dictadura para que posteriormente, se convierta en un hombre ancla de la centro-izquierda chilena, en los últimos 19 años, pase a ser miembro del comando de Sebastián Piñera, candidato de la derecha que públicamente apoyó la dictadura de Pinochet en los convulsionados ochenta. Malo, por matón y roto al decirle a un periodista de CNN que se cebó por hacerle “preguntas hueonas”. Malo por salirse de la Concertación junto a su yunta Jorge Schaulsohn en extrañas circunstancias. Político progre chanta, como muchos. Un abucheo general, por favor.

Así es. Creo que esos son los más malos de la cultura populars shilenis. ¿Y qué tanto? Ahora si el promedio de tiempo de lectura del chileno fuera mayor, no tendría problemas en seguir y agregar a otros ejemplillos, como Mauricio Israel y su propia Ocean’s Eleven o Álvaro Ballero y su mariconada con la Janis Pope en Protagonistas de la Fama. Pero como la realidad es nefastamente MALA y usted paró de leer en el segundo párrafo, prefiero dejarlo hasta aquí.

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